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¿Puede el comercio marcar una diferencia en África?

3 julio 2013
ITC Noticias
Evaluar las necesidades de desarrollo en África teniendo en cuenta las cuestiones económicas, medioambientales y sociales

No cabe duda de que África se encuentra en un camino ascendente: una tendencia que también comparte el resto del 'Sur' en auge. A pesar del deterioro económico mundial de los últimos años, el continente ha experimentado un crecimiento sin precedentes. Si bien de forma fragmentada, se han logrado progresos en la reducción de la pobreza, y la mejora en la calidad de vida ha generado oportunidades económicas para muchos africanos.

El comercio tiene un gran potencial para contribuir a la consecución de un desarrollo sostenible, y a lo largo de la última década, ha desempeñado un papel cada vez más importante en el rendimiento económico de las economías africanas, el cual se ha mantenido estable a pesar de la crisis económica actual.

Con todo, África tiene que abordar su continuo crecimiento económico sobre la base de los tres pilares (económico, medioambiental y social) del desarrollo sostenible, y evaluar si su ‘desarrollo garantiza las necesidades del presente sin comprometer las posibilidades de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades’, tal y como figura en el informe Nuestro Futuro Común. La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible, Rio+20, celebrada el año pasado, dio paso a la facilitación de la economía verde en África, y resulta fundamental que el continente encamine su programa de transformación sobre la base de un desarrollo sostenible.

¿Cómo mejorar la competitividad de África?

Históricamente, el comercio formal intrarregional en África ha sido de entre un 10% y un 12%, aunque podría ser mucho más elevado. Estas cifras no tienen en cuenta las deficiencias estadísticas y el comercio informal. Con todo, el comercio entre las comunidades económicas regionales está creciendo a un ritmo más rápido que el de las exportaciones africanas al resto de África y del mundo. El Mercado Común de África Oriental y Meridional ha multiplicado por cinco el comercio entre países africanos desde que presentó su acuerdo de libre comercio en 2000. El comercio de la Comunidad del África Meridional para el Desarrollo se triplicó, y el de la Comunidad del África Oriental aumentó más del doble.

Si se explotan adecuadamente, las cadenas de valor regionales pueden ayudar a África a conseguir la capacidad que se necesita para ser competitivo; ello potenciaría las oportunidades transfonterizas que permiten que los países contribuyan a la producción de productos terminados o intermedios. A su vez, esto podría dar a lugar a resultados positivos, como la creación de empleo, el aumento de la productividad, y la generación de ingresos y vínculos con la economía que podrían sacar a millones de personas de la pobreza. El comercio tiene que actuar como vía de transformación en pro del desarrollo humano en África, tal y como ha ocurrido en otros muchos PED y, solo si se vincula de una forma positiva con el desarrollo, podrá ocupar una función central.

Desarrollar las capacidades y mejorar la calidad de sus recursos humanos son otras medidas que África puede adoptar para aumentar su competitividad. Según el Panel para el Progreso de África, dirigido por Kofi Annan, el antiguo Secretario General de las Naciones Unidas, África está a punto de alcanzar un dividendo demográfico, pues el continente registra una media de edad de 18 años. A lo largo de los últimos 10 años, el número de jóvenes de entre 15 y 24 años ha pasado de 133 millones a 172 millones. Para 2020, se espera que la cifra aumente hasta los 246 millones. Esta 'población joven' podría influir de un modo significativo en la dinámica social actual (tanto de forma positiva como negativa), tal y como demuestran las últimas revueltas en el norte de África. Es necesario invertir en el desarrollo de habilidades, la formación técnica y profesional, y la educación universitaria para convertir este recurso natural en un beneficio para todo el continente.

Tampoco deberíamos perder de vista los beneficios de la industrialización de productos básicos y de la mejora del rendimiento en el sector agrícola, que todavía da empleo a la mayoría de los africanos. Los gobiernos tienen que hacer mejor su papel en cuanto al establecimiento de normas de producción adecuadas, y deben poner en práctica las políticas industriales y comerciales necesarias para apoyar las industrias manufactureras locales que ofrecen y crean trabajos.

Obstáculos sociales y medioambientales

Además, los líderes africanos tienen que aplicar políticas que garanticen el acceso a capital, tecnología y mano de obra. Se deben poner en marcha medidas que promuevan la equidad en las negociaciones de comercio mundiales, y que garanticen el comercio justo y regímenes aduaneros de importación para las industrias en auge del continente. Cerca de un 90% de los ingresos totales de África provenientes del café, calculados sobre el precio medio de venta al por menor de una libra de café tostado y molido, acaban en los países consumidores. Esto es un claro ejemplo de los beneficios de los que podrían disfrutar los países africanos si aumentaran los procesos de valor agregado.

Asimismo, se debe garantizar la provisión regular de energía fiable y asequible a las industrias. Además, se tienen que cumplir unas normas de sostenibilidad mínimas en la exploración de recursos naturales y minerales.

¿Qué opciones sostenibles existen?

El sector de los minerales en África ha vivido el boom de las materias primas de los últimos años, pero desgraciadamente, ello no ha supuesto una mayor rentabilidad de las inversiones para los países africanos. Para el desarrollo y la transformación de África, se necesita contar con una visión clara sobre el uso inclusivo y la gestión de los recursos. Como parte del Marco institucional para el desarrollo sostenible establecido en Rio, África debe utilizar mejor sus recursos naturales y garantizar, al mismo tiempo, que los beneficios se transmiten de generación en generación. La Visión Minera Africana, respaldada por los Jefes de Estado africanos en 2009, persigue dicho objetivo a través de un marco que integra la triple meta de sostenibilidad medioambiental, social y económica.

La posibilidad de realizar inversiones simultáneas en minería e infraestructura; por ejemplo, estableciendo corredores de desarrollo basados en recursos naturales, supone un enfoque pragmático para potenciar no solo proyectos en esos ámbitos, sino también otras oportunidades sociales y económicas derivadas de los mismos, más allá de las fronteras nacionales. Este concepto ha funcionado bien en Botswana, que ha desarrollado una política de aprovechamiento, y en Sudáfrica, que ha elaborado políticas sobre minería para establecer vínculos directos con su economía desde una perspectiva de desarrollo equitativo y sostenible.

Existen también muchas otras oportunidades para el crecimiento de la economía verde por medio de varias iniciativas, ya en curso, a nivel nacional y regional, que se centran en la reducción de los efectos adversos del cambio climático. Además, se están realizando esfuerzos para desarrollar estrategias sub- regionales en pro del crecimiento económico bajo en carbono. Cuando todo ello se ponga en marcha, ayudará al continente a avanzar significativamente hacia soluciones de energía sostenible.

Un comercio mejor

Durante muchos años, África ha aceptado los precios establecidos en las relaciones de comercio mundiales, sin ejercer poca o ninguna influencia en los mercados. Ahora, tiene la oportunidad de decidir ella misma los precios. La expansión de posibilidades dentro de la cooperación Sur-Sur, especialmente en el comercio entre países africanos a través del área de libre comercio continental, ha acabado con el monopolio de los países desarrollados, y ofrece un entorno más favorable para la formulación de políticas en África y la formación de asociaciones comerciales. Los aspectos fundamentales de la formulación de políticas, la infraestructura, la financiación del capital y el establecimiento de vínculos entre el comercio y otras partes de la economía deben retrabajarse para lograr una realidad sostenible.