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Los refugiados representan una oportunidad, no un reto

5 mayo 2015
ITC Noticias

Vivimos en un momento de tremendas crisis humanitarias. Actualmente, en el mundo hay más de 50 millones de refugiados que huyen de conflictos y del cambio climático. El apoyo de la comunidad internacional es más importante que nunca.

Muchos países consideran la afluencia de refugiados un problema. Sin embargo, incluso durante momentos de crisis surgen las oportunidades. El hecho de conceder a los refugiados plenos derechos para participar en la economía local y acceder a empleo no solo ayuda al país porque podrán mantenerse por sí solos sino que también beneficia a la economía local. Es un hecho simple pero a menudo ignorado: los refugiados pueden ser beneficiosos para la economía.

El derecho internacional ha reconocido el derecho de los refugiados y solicitantes de asilo a un trabajo estable y regulado. El acceso a empleo hace posible que los refugiados dependan menos de las ayudas. Además, el trabajo productivo es una parte esencial de la dignidad humana y del reconocimiento social. No obstante, a menudo se les niegan estos derechos, ya sea por ley o en la práctica.

Ganancias en forma de capital humano

En lugar de considerar a los refugiados como una carga para los recursos locales, deberíamos ver el potencial que albergan para convertirse en capital humano productivo y autosuficiente. Casi la mitad de los refugiados del mundo están en edad de trabajar (18-59). Si les permitimos que trabajen pueden acabar con la escasez de mano de obra en los mercados locales. Asimismo, a menudo los refugiados tienen formación, conocimientos y habilidades que pueden aumentar los recursos de la economía local. No olvidemos que Albert Einstein llegó a los EE.UU. como refugiado.

Veamos un ejemplo. Cuando mi organización construyó escuelas en el campamento de Gulan en Khost, Afganistán, para 5.000 niños refugiados pakistaníes, no nos costó demasiado encontrar maestros cualificados. Contratamos a casi 100 maestros cualificados de entre los refugiados que acogieron con entusiasmo la oportunidad de poder trabajar. Ahora utilizan sus ingresos para mantener a sus familias y adquieren bienes y servicios de la economía local. Muchos de estos maestros son mujeres que ahora trabajan en escuelas de la comunidad local, compensando la falta de mujeres en el campo.

Por otra parte, denegar a los refugiados el derecho al trabajo puede tener un efecto devastador. La falta de empleo relega a los individuos formados al aburrimiento y a la frustración. Esto es especialmente cierto en el caso de las mujeres. Las mujeres de los campos de refugiados de Kabul declararon que sufrían niveles extremos de depresión y estrés a causa de la desocupación y el aislamiento, según un informe reciente del Consejo Noruego para Refugiados (CNR). Los hombres, igual de frustrados por la falta de trabajo y autoestima, comienzan a adoptar mecanismos de afrontamiento negativos, como la violencia doméstica o la adicción a las drogas.

Por tanto, la marginación de los refugiados puede conducir a la inseguridad e inestabilidad en el país de acogida. Los estudios muestran que los refugiados pueden poner en peligro su seguridad trabajando en actividades ilegales o por sueldos esclavistas y en condiciones inaceptables si no tienen otra opción. Las mujeres están más expuestas a la explotación sexual, al acoso y a la violación. A pesar de ello, el acceso al trabajo para los refugiados sigue causando controversia. Muchos gobiernos de acogida temen que los refugiados se quedarán de forma permanente si tienen un empleo y movilidad económica. También pueden experimentar presiones políticas por el aumento de la competencia laboral, especialmente en países con una alta tasa de desempleo.

Medios econ ómicos para regresar a casa

Estas preocupaciones podrían carecer de fundamento. De hecho, los refugiados son más propensos a crear empresas que los locales, creando así puestos de trabajo y aumentando los ingresos fiscales. Los refugiados con trabajo impulsan la demanda local mediante la adquisición de bienes y servicios. Además, es más probable que regresen antes a su país de forma voluntaria, ya que tienen los medios económicos para hacerlo.

Un refugiado estará exiliado una media de 20 años. Aunque la ayuda siempre será una respuesta necesaria ante la crisis de los refugiados, no es una solución a largo plazo. Permitir a los refugiados ser autosuficientes no es solo respetar los derechos humanos sino también una política que beneficia a todos.