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Transformación de dificultades en posibilidades

14 enero 2013
ITC Noticias
Indudablemente, el mundo en que vivimos después de la crisis financiera es distinto al anterior. Desde que estallara esa crisis, los cambios estructurales de la economía mundial se aceleraron, se enfocaron con mayor claridad e incidieron profundamente en la perspectiva con que los formuladores de políticas y el sector privado abordan los mercados globales, la expansión del comercio internacional y la diversificación de los mercados de exportación.

Más importante aún para los países en desarrollo y menos adelantados, es el hecho de que consideren ampliamente la manera en que los gobiernos designan y aplican estrategias de desarrollo y reducción de la pobreza en la consecución de un crecimiento económico sostenible e inclusivo, tanto en su país como en la región circundante.

Fundamentalmente, el crecimiento mundial depende cada vez más del crecimiento de los mercados del Sur. Un analista mundial de The Conference Board señala que de 2006 a 2011, los mercados emergentes y las economías en desarrollo contabilizaron 83% del crecimiento del PIB mundial. Aunque se prevé que ese porcentaje disminuirá levemente en 2012, los mercados en crecimiento de países en desarrollo seguirán siendo críticos para la economía mundial y de mediano a largo plazo cobrarán significado. Por ejemplo, The Conference Board también prevé que en 2025 solo cinco mercados emergentes -Brasil, China, la Federación de Rusia, la India e Indonesia- contabilizarán más de la mitad del crecimiento mundial.

Al aumento de mercados en crecimiento del Sur se sumó la creciente interconexión entre países en desarrollo y países menos adelantados como demuestran los flujos mucho mayores de comercio, inversión, capital, tecnología y mano de obra, junto con el surgimiento de nuevas cadenas de valor mundiales. Históricamente, los países en desarrollo se situaban en la periferia del comercio internacional de bienes y servicios, pero desde principios de la década de 1990, el Sur se viene acercando al centro de ese comercio y emergiendo como una región renovada y al alza. Es probable que se trate de una evolución más bien permanente que transitoria que trazará un nuevo mapa del comercio internacional.

Indonesia considera con entusiasmo esa posibilidad. A escala mundial, la economía del país ocupa el 15° puesto con un PIB de $EE.UU. 1,1 billones (en paridad de poder adquisitivo). Analistas mundiales como los del McKinsey Global Institute prevén que en 2030, Indonesia será una de las 10 primeras economías del mundo. En The Archipelago Economy: Unleashing Indonesia's Potential, informe de dicho instituto publicado en septiembre de 2012, se estima que de aquí a 2030, la clase consumidora del país pasará de 50 millones a 135 millones y que el 71% de la población urbana producirá el 86% del PIB. La economía de Indonesia ofrecerá oportunidades de mercado por valor de $EE.UU. 1,8 billones a los sectores de servicios al consumidor, agricultura, pesca, recursos y educación. A pesar de las dificultades económicas mundiales, a mediados de este año, la economía del país había crecido 6,3% mientras que en todo 2011 ese crecimiento fue del 6,4%.

Con una población de 240 millones, 50% menor de 29 años, el reciente crecimiento económico de Indonesia fue impulsado por una saludable combinación de consumo interno, inversión y estrategia gubernamental en materia de gastos. Según Estadísticas Indonesia, el desempeño exportador actualmente aporta el 26% del PIB, actividad importante que apuntala el desarrollo económico. El país se viene centrando en la exportación de productos de valor añadido para impulsar aún más la expansión económica y crear una economía basada en el conocimiento.

El Plan maestro para la aceleración y expansión del desarrollo económico de Indonesia (MP3EI) establece los seis corredores económicos más importantes y contiene las directrices necesarias para expandir la economía, entre ellas, aumentar la competitividad del mercado interno. El anticipado crecimiento interno dio lugar a esfuerzos para conectar mejor Indonesia con otras economías emergentes. Mediante el comercio internacional, el país estará mejor preparado para atender a su creciente población.

El esfuerzo para orientarse a mercados no tradicionales se acelera con algún éxito y se despliegan esfuerzos para desarrollar el comercio Sur-Sur y diversificar los mercados de exportación. Por ejemplo, en 2011, Estadísticas Indonesia informó que las exportaciones a cinco destinos no tradicionales -Brasil, Colombia, Ecuador, Perú y Sudáfrica- habían aumentado un 43%. Esa diversificación muestra que el comercio entre países en desarrollo es una prometedora oportunidad económica y una herramienta para reforzar el comercio mundial. El Sur debe aprovechar oportunidades en momentos en que la economía mundial atraviesa un período de grandes incertidumbres y dificultades emergentes que tienen efectos adversos en las economías nacionales.

Transformación de dificultades en posibilidades

A pesar de los avances, persisten dificultades que los países en desarrollo y menos adelantados deben superar para traducir la nueva dinámica del comercio mundial en un desarrollo inclusivo y sostenible. En primer lugar, no cabe duda de que en el orden económico mundial hubo un desplazamiento, pero en las últimas décadas, el aumento de la producción del Sur fue desigual y allí donde fue alto, no se tradujo forzosamente por una mayor capacidad productiva. Tal como señalara Supachai Panitchpakdi, Secretario General de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, en el primer número de este año de Forum de Comercio Internacional, en muchos países del Sur, el crecimiento económico de los años 2000 obedeció en gran medida al aumento del precio de los productos básicos, por lo cual, es improbable que esa situación sea sostenible. De ahí que Indonesia se haya embarcado en un ambicioso programa para hacer ascender las exportaciones en la cadena de valor y haya creado una serie de iniciativas para promover productos derivados. El objetivo es que las futuras generaciones de indonesios dependan menos de la exportación de recursos físicos, que abundan en el país, y más de la exportación de bienes y servicios con alto valor añadido que hacen de la innovación y el capital humano su fuente de competitividad.

En segundo lugar, por lo que atañe al comercio internacional, hay un nivel excepcionalmente alto de intensidad de las importaciones en la producción de exportación, ergo: las importaciones estratégicas son insumos esenciales para el proceso de exportación. Consideración crítica que permite entender el proceso necesario para ascender en la cadena de valor y cómo los países en desarrollo pueden estimular el crecimiento del comercio Sur-Sur atendiendo cuidadosamente a la gestión de barreras al comercio, reales o percibidas como tales. Similar importancia reviste la necesidad de reconocer las limitaciones inherentes al carácter y al alcance de dicho comercio. La mayor parte de las cadenas de valor mundiales aún está configurada para responder a la demanda final de países desarrollados industrializados. Reorientar las cadenas de suministro Norte-Sur de Europa y Norteamérica a mercados emergentes que crecen es más fácil de decir que de hacer, porque a pesar del notable historial de crecimiento, la clase consumidora todavía es incipiente y tiene un poder adquisitivo muy inferior a aquel de los mercados industriales del Norte. Para responder a la demanda emergente de dichos mercados, el sector privado tendrá que construir cadenas de valor centradas en productos y servicios nuevos y dinámicos, lo que requerirá creatividad, innovación y un marcado énfasis en la integración de pequeñas y medianas empresas en esas cadenas, así como la adición de valor local en la configuración de las cadenas de suministro.

El camino por delante

El núcleo del debate es la necesidad de recalibrar el comercio mundial, encontrar nuevos medios de integrar más estrechamente los mercados en crecimiento en el comercio regional y mundial, mejorar la competitividad y la conectividad y distribuir equitativamente los beneficios de esa integración más estrecha. En los cinco últimos años, el Sur fue el principal impulsor del crecimiento de la economía mundial. Los gobiernos, trabajando juntos y con el sector privado, deben construir a partir de esa dinámica emergente, asegurar que los beneficios del creciente comercio Sur-Sur sean ampliamente repartidos y apoyar el programa general de desarrollo de los países en desarrollo y menos adelantados. El nuevo mapa del comercio internacional es el propulsor del crecimiento mundial que hace falta y una nueva arquitectura económica definirá nuestra resiliencia colectiva y la sostenibilidad de nuestro futuro.