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Blog: Estructuras cambiantes: un análisis de los textiles y el vestido

27 mayo 2020
ITC Noticias

Tras ser uno de los sectores más afectados por la pandemia de la COVID-19, ¿podrán los minoristas y los fabricantes adaptarse para bien?

El Gran Confinamiento ha afectado desproporcionadamente al sector de la confección. McKinsey calcula que en la industria mundial de la moda los ingresos se reducirán entre un 27 % y un 30 % en 2020 respecto al año anterior.¹

Las ventas minoristas al consumidor final se han visto muy afectadas debido a que la mayor parte de las tiendas están cerradas en numerosos mercados de consumo importantes. En Francia, el gasto de los consumidores en prendas de vestir cayó un 90 % en marzo², se espera que la venta de ropa siga siendo reducida en los próximos meses debido a que los consumidores con el armario lleno no la consideran un artículo esencial. Las compras en línea solo pueden compensar esta caída parcialmente, si es que pueden. En Alemania, el volumen de negocio de las empresas de venta por catálogo y comercio electrónico cayó más del 30 % en marzo en comparación con el mismo período de 2019. ³. McKinsey indicaba que las ventas en línea se han reducido entre un 5 % y un 20 % en Europa y entre un 30 % y un 40 % en los Estados Unidos de América. Hay minoristas importantes del sector de la confección, como Primark, que ni siquiera tienen tienda en línea.

Un desplome de la demanda

Este desplome de la demanda se está transmitiendo de las marcas y los minoristas a sus proveedores, que, a menudo, trabajan en países en desarrollo. Muchas marcas y minoristas están cancelando pedidos para la campaña de primavera/verano de 2020, incluidos pedidos ya en fase de producción para los que se habían preparado y cortado los tejidos. Además, muchas marcas y minoristas amplían a menudo las condiciones de pago de forma unilateral, pagando a las fábricas mucho más tarde⁴.

La Asociación de Fabricantes y Exportadores de la Confección de Bangladesh afirma que, el 26 de abril, 1 149 empresas habían notificado la suspensión o la cancelación de pedidos de exportación correspondientes a 981 millones de prendas de vestir, por valor de 3 170 millones de $ en términos de fabricación, y con 2,2 millones de trabajadores afectados, la mayor parte de ellos, mujeres⁵. En la India, las estimaciones actuales sobre el volumen total de negocios de exportación afectados ascienden a 3 000 millones de $⁶.

Un desplome del suministro

Además de esta caída de la demanda, las fábricas también están sufriendo un desplome del suministro. La mayoría de los países menos adelantados y la mayoría de los productores de Oriente Medio y América Central tienen que importar tejidos y accesorios para su sector del vestido orientado a la exportación. La mayor parte de los tejidos proceden de Asia, con algunas excepciones procedentes de Europa y de los Estados Unidos de América. La Federación Internacional de Fabricantes del Textil indicó que las ventas de artículos textiles habían bajado una media del 31 % en varias regiones.

El ITC calcula que el cierre de fábricas textiles en África va a reducir las importaciones de tejidos vitales para el sector de la confección orientado a la exportación en el África Subsahariana en 13 millones de $ aproximadamente⁷.

Sometidas al confinamiento

 

Como las fábricas son lugares donde se concentran muchas personas, la mayoría de los países han pedido a las empresas que cierren temporalmente o, si aún tienen que completar pedidos, que reorganicen las líneas de producción para respetar la distancia obligatoria entre trabajadores. Como consecuencia de ello, muchos fabricantes del sector del vestido han tenido que echar la persiana, por ejemplo, entre el 80 % y el 90 % de todas las fábricas de Madagascar, Marruecos o Túnez.

Todas las crisis provocan cambios estructurales y oportunidades

La mayor parte de los países del mundo subcontratan la producción de equipos de protección y prendas textiles para el sector médico. Teniendo en cuenta que la necesidad inmediata de capacidad de suministro nace localmente, países como Marruecos y Túnez han empezado a producir máscaras, batas médicas y otras prendas de protección. Es muy poco probable que esta capacidad estratégica desaparezca en el futuro. 

Es previsible que el contexto de la cadena de valor del sector de los textiles y el vestido cambie después de la crisis. Es probable que los cambios estructurales se aceleren, lo que provocará una mayor consolidación (menos marcas y minoristas y más grandes con músculo financiero que les permita sobrevivir a la crisis). Habrá compradores más grandes que harán negocios con empresas de mayor tamaño, poniendo así nuevas trabas a las microempresas y las pequeñas y medianas empresas. Para responder a esta tendencia creciente, las pequeñas empresas tienen que diversificarse con productos de alto valor añadido con plazos de producción cortos y entrega rápida, mejorando al mismo tiempo la eficiencia en la producción de artículos básicos.

La diversificación del mercado adquiere aún más importancia. Son muchas las empresas y los sectores que solamente venden a unos cuantos mercados, en muchos casos a un solo cliente. Estos clientes suelen estar radicados en Europa y los Estados Unidos de América, dos continentes muy afectados por los confinamientos. Por tanto, las empresas deberían copiar las medidas que han empezado a aplicar las marcas y los minoristas. Mientras las marcas y los minoristas amplían su base de suministro, los fabricantes de prendas de vestir tendrán que suministrar a múltiples clientes y mercados, y explorar al mismo tiempo mercados no tradicionales. Por ejemplo, los países de Oriente Medio y el Norte de África podrían explorar mercados del África Subsahariana. A los países menos adelantados de Asia les podrían resultar interesantes los mercados de China, la India, Corea y el Japón. 

La deslocalización de proximidad ya era una tendencia en el sector de la confección y es previsible que se acelere después de esta crisis. Los países del Norte de África y Europa Oriental deberían aprovechar su proximidad a la Unión Europea, y los de América Central podrían aprovechar su cercanía a los Estados Unidos para exportar más prendas de vestir a estos mercados. Para avanzar hacia la deslocalización de proximidad es necesario que las empresas cambien sus operaciones, acelerando así el proceso de desarrollo digital de productos para reducir los costos y responder a los mercados con rapidez. Esto conllevará un avance hacia la reducción de los volúmenes de producción y la forja de lazos más estrechos con proveedores de textiles y de adornos de las fases preliminares de la cadena, en el mismo país o región.

Es posible que también haya que adaptar la responsabilidad social empresarial. "Están saliendo a la luz diferencias importantes con respecto a los hábitos de compra ética, con marcas y minoristas que se están limitando su número de proveedores y otros que intentan afrontar esta crisis de un modo más colaborativo".'⁸

Si bien las marcas y los minoristas deben seguir garantizando unas condiciones de trabajo dignas, así como una conducta medioambiental responsable, también tienen que respetar las colaboraciones con las fábricas a las que suelen dar prioridad.⁹

Es sin duda el momento de replantearse el modo en que las marcas y los minoristas comparten el valor a lo largo de su cadena de suministro. Para ello, hay que empezar por cambiar la creencia de los ejecutivos dedicados al abastecimiento y los compradores que compran prendas de vestir en países en desarrollo, así como de numerosos fabricantes, de que la única forma de seguir siendo competitivos es la reducción constante de los costos franco a bordo (FOB).¹º Las marcas y los minoristas tienen que trabajar conjuntamente con sus proveedores para ofrecer productos por los que los clientes estén dispuestos a pagar precios sin descuentos. Así pues, las marcas y los minoristas tienen que compartir el valor no distribuido más equitativamente con sus proveedores. 

Esta crisis va a golpear especialmente a los fabricantes de prendas de vestir y a sus trabajadores de los países en desarrollo distribuidos a lo largo de la cadena de valor. Sin embargo, todas las crisis brindan oportunidades si se gestionan bien: las empresas tienen que abordar las carencias que ya eran visibles antes de la crisis. Las marcas y los minoristas tienen que tratar a sus proveedores como socios, más allá de la retórica de la responsabilidad social empresarial. Juntos podrán ofrecer valor y los productos que realmente quieren los clientes, compartiendo al mismo tiempo los beneficios más equitativamente.

¹ Business of Fashion and McKinsey "The State of Fashion 2020, Coronavirus Update, 2020, p. 7

⁴ https://www.workersrights.org/wp-content/uploads/2020/03/Abandoned-Penn-State-WRC-Report-March-27-2020.pdf

⁷ Cálculos del ITC. Vaya nuestro agradecimiento especial a Aissata Boubacar Moumouni, Economista Consultora, Investigación y Estrategias para la Exportación

⁸ Declaración conjunta de la Federación Internacional de Fabricantes del Textil y la Federación Internacional de la Confección consultada en https://www.iafnet.com/2016_01_22/wp-content/uploads/2020/03/20200327-IAF-ITMF-The-Impact-of-the-Corona-Virus-on-the-Textile-and-Apparel-Industry.pdf

⁹ El ITC Sustainability Map del ITC ofrece una visión general de normas voluntarias que orientan a los proveedores en materia de sostenibilidad social y medioambiental.

¹º En este contexto, FOB hace referencia a la responsabilidad de fabricación en relación con el abastecimiento de tejidos y accesorios, la producción y el transporte de tejidos y accesorios y producto terminado al puerto que especifique el comprador.