Speeches

¿Cómo sería una agenda comercial progresiva para Canadá?

18 octubre 2016
ITC Noticias
Discurso pronunciado por la Directora Ejecutiva del ITC, Arancha González
Centro de Política y Derecho Mercantil (Universidad de Carleton)
Rideau Club, Ottawa - 18 de octubre de 2016

Buenas tardes, damas y caballeros:

Quiero agradecer al Centro de Política y Derecho Mercantil y sus socios por organizar este evento. Me alegro de estar de regreso en Ottawa, en particular en un momento en que se habla tanto del enfoque de Canadá respecto al comercio, la inversión y la cooperación internacional al desarrollo.

En el actual entorno económico mundial, en el que aumentan las tendencias contrarias al comercio y muchos muestran su desprecio por la globalización, los países que dependen del comercio, como Canadá, no pueden darse el lujo de actuar a la defensiva o mantenerse al margen. En Canadá, uno de cada cinco empleos depende de las exportaciones; Canadá produce más de lo que consume, y un 60 % de su PIB está relacionado con el comercio.

Por ello resulta oportuno que hablemos de lo que podría ser una agenda comercial progresiva para Canadá. Permítanme intentarlo, aunque les advierto que nos estoy aquí para predicar, sino para compartir lo que he observado en mi experiencia como negociadora comercial, miembro de la Secretaría de la OMC y, ahora, como directora de un organismo de desarrollo que apoya el comercio de los países en desarrollo y de sus pymes.

Para mí, una agenda comercial progresiva es aquella que es apta para cumplir sus cometidos comerciales en el siglo XXI.

Al igual que otros países, Canadá desea beneficiarse de los cambios y tendencias que surgen en el siglo XXI, incluido el surgimiento del Sur global. Desea tener mayor y mejor acceso a los mercados, hacer más y mejores tratos comerciales, tener más y mejores empleos, generar ingresos más altos y gozar de un mejor nivel de vida en general.

Así pues, ¿cuál es el cometido?

El primer cometido de una agenda comercial progresiva consiste en seguir creando oportunidades económicas. Crear oportunidades económicas siempre ha consistido en ofrecer igualdad de condiciones a fin de permitir el comercio reduciendo los obstáculos que se oponen a este. 


Actualmente, no se trata tanto de los aranceles sobre los productos, sino más bien de medidas no arancelarias y reglamentarias que afectan a los bienes y los servicios, incluido el muy importante sector del comercio electrónico. Se han multiplicado las normas y requisitos públicos, así como las normas privadas basadas en temas contemporáneos, que van desde la salud y la seguridad hasta la protección del medio y los derechos humanos. Todo ello indica que el comercio en el siglo XXI se centra más en los consumidores y no tanto en proteger a los productores, se basa más en el valor que en intereses creados. Y también nos dice que las normas y regulaciones son actualmente un elemento crucial, no solo para la igualdad de condiciones, sino también para obtener apoyo popular para el comercio

A este respecto, el método tradicional de negociación que consiste en «intercambiar concesiones» probablemente ya no sea apto para este cometido. La respuesta tendrá que ser gestionar las divergencias reglamentarias y adoptar medios nacionales e internacionales para fomentar el cumplimiento de la reglamentación, en particular por parte de las pymes. Este fue el tema de nuestras Perspectivas de Competitividad de las Pymes 2016.

Acabo de decir que una agenda comercial progresiva debe crear nuevas oportunidades económicas, pero no solo eso. Su segundo propósito debería ser garantizar que las oportunidades económicas que se creen sean inclusivas y sostenibles. Una política comercial orientada al futuro no puede ser simplemente una política basada en la cantidad del comercio, pues la calidad del comercio también es importante. Es posible que ese enfoque de silo haya sido correcto para el programa de comercio del pasado, pero ahora que emprendemos la cuarta revolución industrial que permite acceder a una cantidad mucho mayor de personas que antes y que hemos acordado lograr la Agenda para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas y el Acuerdo de París, temas mucho más amplios atraen la atención de los formuladores de políticas.

Si aceptamos este hecho, la solución debe ir unida a este doble lente de inclusividad y sostenibilidad, y garantizar que las ventajas de crear beneficios económicos mediante el comercio se traduzcan en ventajas beneficios sociales a todos los niveles de la sociedad.

La inclusividad exige que la política comercial tenga en cuenta a las pymes, que representan más del 90 % de las empresas de cualquier país, más del 70% del empleo y una importante contribución al PIB. Esto es lo que me dice mi experiencia a la cabeza del ITC que ayuda a las pymes de los países en desarrollo.

A pesar de su formidable presencia, las pymes se enfrentan a graves limitaciones en el comercio, como una visibilidad insuficiente en las cadenas internacionales de valor, un acceso limitado al crédito y financiación asequibles, el costoso cumplimiento de normas y sistemas de certificación privados y, en términos más generales, una mayor exposición a los costos fijos, problemas que si no se abordan de forma sistemática perpetuarán las desigualdades que observamos en el acceso y distribución de las oportunidades de negocio.

Una agenda comercial progresiva no solo debe reafirmar que las pymes son una parte mayoritaria en la economía, sino que debe garantizar que las políticas comerciales reflejan sus especificidades y necesidades.

Más allá de las pymes, los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas son un reto para que todos nosotros empoderemos a los grupos marginados de la sociedad. Debajo de este gran desafío de desarrollo se encuentra una oportunidad de negocio aún más grande. Sin embargo, hay quienes todavía no pueden aceptar que las oportunidades de negocio y los desafíos de desarrollo formen parte del mismo debate. Aparte de abrir mercados y reducir los costos de hacer negocios, una agenda comercial progresiva también debe garantizar que el acceso y los beneficios del comercio lleguen al capital humano y los impulsores de la innovación infrautilizados, como las mujeres, los jóvenes y los refugiados. En otras palabras, una agenda comercial progresiva es una agenda comercial inclusiva.

La intensificación de los vínculos comerciales y de inversión con China ha atraído recientemente la atención de muchos defensores del comercio de Canadá. Sin embargo, China no es el único objetivo de 1 000 millones de habitantes en la autopista del comercio. También tenemos a otros 1 000 millones, a saber, la población de futuras emprendedoras que aún no han entrado y hecho su contribución a la economía mundial. Si no podemos ignorar a China por su tamaño y rendimiento de la inversión potencial, otro tanto podemos decir de las mujeres en el comercio que representan una parte importante del tejido económico.

Si las mujeres participaran en la economía en pie de igualdad que los hombres, el PIB mundial podría aumentar en 28 billones de dólares de aquí a 2025. Sin embargo, más del 90 % de los países del mundo aún mantienen leyes que discriminan a las mujeres en la economía Una combinación de obstáculos legales y procesales, y sesgos culturales, acceso limitado a recursos productivos, y las limitaciones de tiempo que sufren las gerentes femeninas, hacen que la gran mayoría de las pymes propiedad de mujeres sean pequeñas y menos productivas. Es por ello que en una encuesta reciente efectuada en 20 países en desarrollo descubrimos que tan solo una de cada cinco empresas exportadoras es propiedad de mujeres. Así pues, existe una dimensión de género en la participación de las pymes en el comercio internacional.

El tercer y último tema sobre el que deseo hablar hoy es que no basta que una agenda comercial progresiva cree oportunidades de comercio inclusivas y sostenibles, sino que estas oportunidades deben hacerse realidad. Por lo tanto, el tercer propósito de una agenda comercial progresiva es incrementar y mejorar el comercio tanto a nivel nacional como internacional.

Y hoy en día lo «nacional» y lo «internacional» están muy interconectados. La política comercial, la promoción y las políticas de desarrollo económico forman parte de un círculo virtuoso. Permítanme explicarlo.

A nivel nacional, pasar del papel a la práctica comienza con la aplicación de los acuerdos que se han firmado. Siempre he mantenido que debe prestarse más atención al cumplimiento de los compromisos asumidos. Pero debe hacerse un esfuerzo más concertado para ayudar a las empresas nacionales, en particular las pymes, para utilizar estos acuerdos comerciales para internacionalizar el comercio. Es precisamente aquí donde la promoción del comercio y la inversión forman un «continuum» de la política comercial, que ayuda a las empresas a aprovechar las oportunidades comerciales y transmite a los formuladores de la política comercial información y conocimientos de las empresas para adoptar mejores normas comerciales.

También a nivel nacional, el comercio no puede ser un planeta aislado que gira en nuestras economías. Tiene que ser parte de un sistema que gira de forma sincronizada con las políticas nacionales, como la educación y el desarrollo de competencias profesionales, la innovación, las infraestructuras, las redes de seguridad social, que constituyen, todos ellos, ingredientes de la competitividad económica y el progreso social.

Ahora veamos cómo comerciar con el extranjero. Es importante que apoyemos el desarrollo económico de los países más pobres. No solo porque todos nos hemos comprometido a erradicar la pobreza extrema en los Objetivos Mundiales de las Naciones Unidas. Una economía más fuerte, un comercio más sólido en los países en desarrollo y menos adelantados ayudarán a consolidar los progresos logrados en la educación, el acceso a la atención sanitaria, la eliminación del hambre y el respeto de los derechos humanos. Es aquí que se coinciden la política comercial y la política de desarrollo. Pero también porque los países en desarrollo crecen y avanzan, y se convierten en mercados con un mayor poder adquisitivo.

Según el Foro Económico Mundial, se prevé que 17 de las 50 economías de mayor crecimiento en 2018 sean africanas. En general, se prevé que el crecimiento en Asia y África supere el de los países más avanzados, incluidos Canadá y sus socios del TLCAN. Sin embargo, el comercio de los países de África Subsahariana y de Asia Meridional tan solo representa el 2 % del comercio canadiense. Y el comercio con países de bajos ingresos representa menos del 0,5 % del total del comercio de Canadá. Existe un amplio margen para el crecimiento. Y también aquí coinciden la política comercial y la política de desarrollo.

Para equilibrar los evidentes beneficios para la economía canadiense, también debe haber un mayor compromiso con los países en desarrollo y, en particular, con los más pobres de ellos, para ayudarles a desarrollar su capacidad para comerciar. Y para prestarles apoyo para desarrollar la infraestructura material e inmaterial que ayudará a sus pymes, jóvenes y mujeres a participar en el comercio. La política comercial y la política de desarrollo también coinciden en el programa de Ayuda para el Comercio que ayuda a los países más pobres a utilizar el comercio para generar crecimiento y reducir la pobreza.

Ahora que llego al final de mi intervención, me gustaría alentar a Canadá, que ha pensado claramente en la necesidad de volver a formular sus políticas comercial y de desarrollo para aportar estos conocimientos a la Organización Mundial del Comercio. Y para que se ponga a la cabeza de los esfuerzos para establecer una agenda comercial multilateral positiva y relevante que sea apta para cumplir su cometido. Este es sin duda el momento para reforzar nuestro compromiso.

Gracias por su atención.