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Blog: No es muy pronto para pensar en después del COVID-19

16 abril 2020
ITC Noticias

Nadie podría haber vaticinado que 2020 iba a ser así. Conceptos como “distanciamiento social”, “confinamiento” o “pandemia” eran ajenos a nuestra jerga colectiva. Sin embargo, rozando el final del primer trimestre del año, nos enfrentamos a uno de los mayores desafíos de nuestra generación.

Sabemos muy poco de cómo será la vida después del COVID-19, aunque sabemos que va a ser radicalmente distinta. Los más vulnerables del mundo están en la primera línea de esta pandemia: los ancianos, los pobres, los que no tienen acceso a la atención sanitaria, los que tienen patologías previas como diabetes, hipertensión y cáncer, y los que creen que son invencibles y no toman las precauciones necesarias.

No es momento para la fanfarronería ni para ignorar los consejos del gobierno: es momento para la comunidad y el cuidado. Como ha indicado recientemente la Ministra de Asuntos Exteriores de España (y mi antigua jefa en el Centro de Comercio Internacional), Arancha González, "es momento para la responsabilidad ciudadana”, una reflexión de la que se ha hecho eco el Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, que afirmó que la pandemia “nos hace ver la interconexión esencial de nuestra familia humana”’.

Estableceremos en nuestras vidas un antes y un después del COVID-19, como hicimos con el antes y el después del 11S. Estamos inmersos en un proceso de transformación. Nuestra forma de trabajar ha dado un giro radical en un mes. El teletrabajo ha cumplido sus promesas y la tecnología ha demostrado su potencial. Esas son las buenas noticias; las malas son el número de puestos de trabajo que se van a perder. La Oficina Internacional del Trabajo ha estimado que podría haber en peligro cerca de 25 millones de empleos a causa del COVID-19.

Las microempresas y las pequeñas y medianas empresas (mipymes), que a menudo congregan al 70 % de los trabajadores de un país, son el eje central de todas las economías. Concretamente, en el Caribe y en Barbados esta cifra se acerca más al 98 % de todos los trabajadores que no pertenecen al sector público y trabajan en una pequeña empresa. Vamos a ver unas consecuencias dramáticas para las mipymes, muchas de las cuales solo tendrán capital circulante para mantenerse a flote durante algunas semanas. Muchas suprimirán puestos de trabajo y, si nos guiamos por la evidencia del pasado, muchos de estos puestos de trabajo serán puestos desempeñados por mujeres. El impacto socioeconómico va a ser de dimensiones astronómicas.

Los gobiernos de todo el mundo luchan por poner en marcha políticas de mitigación para contener la agresividad del virus y sustentar a sus mipymes. Los gobiernos con margen para políticas fiscales y buenas reservas están mejor preparados. Los países, en especial los países menos adelantados y los pequeños estados insulares en desarrollo, que todavía se están recuperando de la crisis financiera de 2008, se encuentran en situaciones más frágiles. No es difícil pensar que, además de la quiebra de empresas, líneas aéreas e industrias que vamos a ver en el mundo de después del COVID-19, también veremos caer a algunos estados. Y tenemos que advertir de ello.

Estamos ante un problema mundial que solo puede arreglarse con una solución mundial con matices locales. Pese al instinto de reducir la cooperación al desarrollo y la inversión mundial en el período después del COVID-19, tenemos que centrarnos más en la asistencia que ayude a impulsar las economías en todos nuestros países, en especial en los más vulnerables. Esto se traducirá en mantener el apoyo al ecosistema de las mipymes y en utilizar la política comercial como un instrumento positivo en lugar de un instrumento proteccionista y sancionador.

¿Qué significa esto para Barbados y el Gran Caribe? Es una oportunidad para repensar las cadenas de valor regionales del Caribe. Con las cadenas de valor mundiales dañadas por el contagio económico, es evidente que las más afectadas son las economías situadas en el último extremo de la cadena, las que más dependen de las importaciones. Tenemos que replantearnos no solo nuestras prioridades de producción en la región, sino también la facilidad para despachar esos bienes y servicios a través de las fronteras.

Los tratados de la Comunidad del Caribe están ahí y ha llegado el momento de ponerlos en marcha. Tenemos que analizar más a fondo aspectos como la cooperación regional en materia sanitaria, de seguridad y laboral, y cómo podemos forjar cadenas de valor propias en ámbitos como los de las prendas de protección, los productos de higiene, los productos farmacéuticos, los equipos médicos y las pruebas de diagnóstico. Iniciativas como la de diversificar las destilerías de ron de la región para producir desinfectantes de manos son un buen comienzo.

Y tenemos que estimular a nuestras mipymes. En primerlugar, hay que seguir invirtiendo en la economía digital. El futuro del trabajo —como se ha demostrado en el último mes— pasa por la utilización de la tecnología en pos de la flexibilidad y la productividad. Todos sabemos que las decisiones de inversión de las empresas dependen de que los países cuenten con un buen ecosistema digital, y este aspecto va a ser incluso más decisivo de ahora en adelante.

En segundo lugar, las competencias, en especial las de los jóvenes. Si algo ha demostrado este confinamiento ha sido la capacidad del aprendizaje en línea. La Academia de Comercio para Pymes no es más que un ejemplo de los centenares de plataformas de todo el mundo que ofrecen la oportunidad de mejorar las competencias. Teniendo en cuenta que es muy probable que muchos de los sectores de la región vayan a necesitar años para recuperarse, por ejemplo, el turismo, la hostelería y el sector de los servicios en su conjunto, es una oportunidad para definir una reforma de las competencias y capacitar a la gente.

En tercer lugar, será necesario establecer un planteamiento claro con respecto a la asistencia que se va a prestar a las mipymes durante esta recesión y después de ella. Entre las medidas que será necesario aplicar para minimizar el impacto económico de esta crisis figuran las reducciones o desgravaciones fiscales, el desarrollo de capacidades, la financiación en condiciones favorables y los créditos sin intereses o con bajos tipos de interés.

En cuarto lugar, cómo reconstruir y redefinir el sector económico más importante de la región: el turismo. No nos engañemos, el sector del turismo y los viajes se va a ver diezmado. Las líneas aéreas se declararán en quiebra y, las que no lo hagan, reconsiderarán sus rutas. Es probable que los viajes sean vistos como un lujo de la clase media. Los ciudadanos del grupo de bajos ingresos se preocuparán más por reconstruir sus vidas y sus ahorros que por viajar a un paraíso tropical.

¿Qué significa esto para Barbados y los países de la región? Hay que utilizar este momento como una oportunidad para analizar y rediseñar la oferta turística. Un enfoque más agresivo con respecto a la comercialización de la oferta turística regional, más inversión en las rutas de transporte entre las islas, una mayor proyección hacia los mercados no tradicionales de Asia, África, Europa Central y Oriente Medio y un replanteamiento de nuestra oferta turística —del turismo de sol y playa a las experiencias turísticas—. No va a ser fácil, pero sí necesario.

Son momentos complicados para toda la humanidad. En el Caribe y en Barbados la economía va a sufrir una transformación. Tenemos el liderazgo, tenemos el capital humano y, lo que es más importante, no tenemos alternativa.