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Ayuda a las mujeres comerciantes para que crucen las fronteras con seguridad, sin dificultades y formalmente

16 junio 2016
ITC Noticias

 

El desafío El comercio transfronterizo informal de bienes producidos legítimamente es una de las principales características del panorama económico y social de África, así como una importante fuente de ingresos para las personas que carecen de un salario regular o de un nivel de educación formal elevado.

Sin embargo, las mujeres que representan a la mayor parte de estos comerciantes son vulnerables, en las fronteras, a la extorsión, el acoso físico y verbal e incluso los ataques. Para los gobiernos, obviamente, el comercio informal se escapa, por definición, de los impuestos y la regulación.

El débil control fronterizo, especialmente en lugares remotos, constituye un importante catalizador del comercio informal, al que también contribuyen otros factores, como unas formalidades aduaneras innecesariamente complicadas, los regímenes de tránsito y un intercambio deficiente de información entre los organismos fronterizos. Pero las mujeres eluden en muchos casos los procesos fronterizos formales porque carecen de los conocimientos y la capacidad para realizar las transacciones, pagar los impuestos o formalizar sus empresas. Con demasiada frecuencia, carecen de estructuras de apoyo que puedan ayudarlas a superar estos retos y mejorar sus medios de vida.

El viaje de una mujer Josephine Akoth nunca se habría imaginado que llegaría dedicarse al comercio transfronterizo informal, pero cuando esta mujer, natural de Busia, una ciudad de Uganda, se encontró con problemas para pagar las facturas de su familia, se puso en contacto con unas amigas que ganaban unos modestos ingresos por trasladar alimentos a través de la frontera. In 2010, recaudó un capital de 8 dólares y se unió a sus negocios, comprando mangos en aldeas cercanas (posteriormente diversificarían sus productos añadiendo maíz y tomates) y vendiéndolos a comerciantes kenianos por un pequeño beneficio. Las mujeres se enfrentaron a muchos retos: a menudo perdían dinero porque les engañaban con las fluctuaciones de las tasas de cambio, o porque carecían de conocimientos y competencias para la negociación de precios. Tras escuchar historias de mujeres como ellas que habían sido arrestadas y a las que les habían confiscado sus bienes, montaron un pequeño tenderete en la parte ugandesa de la frontera en el que vendían principalmente a comerciantes kenianos con márgenes aún más bajos.

«El comercio transfronterizo informal era muy imprevisible, lo que ganas hoy lo puedes perder mañana en sobornos o con la confiscación de tus bienes. A algunas mujeres les obligaban a ofrecer servicios sexuales a cambio de un paso seguro», afirmó Akoth.

 


Un taller de capacitación para mujeres comerciantes y funcionarios de las fronteras impartido por la Junta de Promoción de las Exportaciones de Uganda (UEPB, por sus siglas en inglés) en colaboración con el ITC le hizo a Akoth abrir los ojos sobre la relativa facilidad de cumplir con los procedimientos fronterizos y realizar su actividad comercial formalmente. «Nos informaron de que los productos de nuestra categoría estaban libres de derechos en la Comunidad del África Oriental [Un grupo de mujeres comerciantes] formaron una asociación y, desde entonces, han forjado una relación de trabajo muy buena con las autoridades de la frontera. Yo pude empezar a realizar mi actividad comercial formalmente a través del cruce oficial de la frontera: simplemente tuvimos que rellenar un certificado de origen simplificado y declarar nuestros vienes... ¡y adelante!», afirmó. «De hecho, después de la capacitación dejé de ser tan sensible, adquirí muchísima seguridad, pude ir a Kenya y contactar con un montón de clientes nuevos, incluso firmé un acuerdo para suministrar fruta y verdura a un supermercado. Nuestro negocio crecía y nuestros clientes empezaron a adelantarnos dinero, lo que nos permitió alquilar espacio de almacenamiento y ampliar nuestro negocio».

A través del proyecto, Akoth y sus socias participaron en una feria comercial regional, lo que les allanó el terreno para empezar a procesar maíz, mijo y otros productos para obtener harina de avena y de maíz para venderla en Uganda y Kenya. «Obtuve una certificación de calidad de mis productos con el apoyo de la UEPB y el ITC y ahora puedo vender por toda la región», afirmó. Akoth echa la vista atrás, a los inicios del proyecto, y recuerda a un capacitador del ITC que les dijo que «quería volver en unos años y encontrarnos cargando camiones de productos para venderlos por toda la región, y no esas pequeñas cantidades con las que comerciábamos por aquel entonces. Yo voy camino de ello».

La respuesta Josephine Akoth nunca se habría imaginado que llegaría dedicarse al comercio transfronterizo informal, pero cuando esta mujer, natural de Busia, una ciudad de Uganda, se encontró con problemas para pagar las facturas de su familia, se puso en contacto con unas amigas que ganaban unos modestos ingresos por trasladar alimentos a través de la frontera. In 2010, recaudó un capital de 8 dólares y se unió a sus negocios, comprando mangos en aldeas cercanas (posteriormente diversificarían sus productos añadiendo maíz y tomates) y vendiéndolos a comerciantes kenianos por un pequeño beneficio. Las mujeres se enfrentaron a muchos retos: a menudo perdían dinero porque les engañaban con las fluctuaciones de las tasas de cambio, o porque carecían de conocimientos y competencias para la negociación de precios. Tras escuchar historias de mujeres como ellas que habían sido arrestadas y a las que les habían confiscado sus bienes, montaron un pequeño tenderete en la parte ugandesa de la frontera en el que vendían principalmente a comerciantes kenianos con márgenes aún más bajos.

«El comercio transfronterizo informal era muy imprevisible, lo que ganas hoy lo puedes perder mañana en sobornos o con la confiscación de tus bienes. A algunas mujeres les obligaban a ofrecer servicios sexuales a cambio de un paso seguro», afirmó Akoth.

 


Un taller de capacitación para mujeres comerciantes y funcionarios de las fronteras impartido por la Junta de Promoción de las Exportaciones de Uganda (UEPB, por sus siglas en inglés) en colaboración con el ITC le hizo a Akoth abrir los ojos sobre la relativa facilidad de cumplir con los procedimientos fronterizos y realizar su actividad comercial formalmente. «Nos informaron de que los productos de nuestra categoría estaban libres de derechos en la Comunidad del África Oriental [Un grupo de mujeres comerciantes] formaron una asociación y, desde entonces, han forjado una relación de trabajo muy buena con las autoridades de la frontera. Yo pude empezar a realizar mi actividad comercial formalmente a través del cruce oficial de la frontera: simplemente tuvimos que rellenar un certificado de origen simplificado y declarar nuestros vienes... ¡y adelante!», afirmó. «De hecho, después de la capacitación dejé de ser tan sensible, adquirí muchísima seguridad, pude ir a Kenya y contactar con un montón de clientes nuevos, incluso firmé un acuerdo para suministrar fruta y verdura a un supermercado. Nuestro negocio crecía y nuestros clientes empezaron a adelantarnos dinero, lo que nos permitió alquilar espacio de almacenamiento y ampliar nuestro negocio».

A través del proyecto, Akoth y sus socias participaron en una feria comercial regional, lo que les allanó el terreno para empezar a procesar maíz, mijo y otros productos para obtener harina de avena y de maíz para venderla en Uganda y Kenya. «Obtuve una certificación de calidad de mis productos con el apoyo de la UEPB y el ITC y ahora puedo vender por toda la región», afirmó. Akoth echa la vista atrás, a los inicios del proyecto, y recuerda a un capacitador del ITC que les dijo que «quería volver en unos años y encontrarnos cargando camiones de productos para venderlos por toda la región, y no esas pequeñas cantidades con las que comerciábamos por aquel entonces. Yo voy camino de ello».

Los resultados En 2015, casi 500 mujeres que participan en el comercio transfronterizo informal participaron en actividades de desarrollo de capacidades que abarcaban temas tales como la tributación, los procedimientos fronterizos, y cómo movilizarse colectivamente por medio de asociaciones. Más de una cuarta parte de estas mujeres formalizaron su situación posteriormente. Las beneficiarias indican un descenso de los gastos fronterizos, mayores beneficios y mayor capacidad para gestionar las transacciones transfronterizas; también participaron en exposiciones comerciales regionales. Alrededor de 70 comerciantes burundesas recientemente formalizadas indicaron que habían multiplicado por cuatro el número de declaraciones de aduanas correspondientes a sus transacciones de exportación. Previamente, sus transacciones eran a menudo objeto de demandas de sobornos; tras las declaraciones formales, muchas cumplían los requisitos para beneficiarse de un régimen de derecho nulo.

Diecinueve asociaciones de mujeres comerciantes están ahora más preparadas para brindar servicios de apoyo en la frontera. Gracias a estas asociaciones, las comerciantes pueden compartir sus preocupaciones con los organismos fronterizos e influir en los debates políticos relativos al comercio transfronterizo.

El futuro Tras la finalización de esta fase del proyecto en 2016, el ITC tiene intención de extender la iniciativa a otros países de África oriental y meridional, fomentando el desarrollo de capacidades, incrementando el apoyo para las mujeres comerciantes, mejorando las relaciones con los organismos fronterizos y creando nuevas oportunidades empresariales de comercio a lo largo de la región.