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Utilizar el comercio y la inversión adecuados

3 julio 2013
ITC Noticias
Apoyar la diversificación económica y la transformación estructural en las economías más pobres

Tanto la historia tradicional como contemporánea demuestra que el comercio internacional puede desempeñar un papel fundamental en el fomento del desarrollo económico y social. Concretamente, lo experimentado en las economías de Asia Oriental pone de manifiesto su contribución clave para la consecución de un crecimiento económico elevado y sostenido. En tan solo una generación, muchos de esos países pasaron de ser países en desarrollo pobres a países de ingresos altos. El rápido crecimiento basado principalmente en el comercio vivido por economías emergentes como China, Brasil y la India corrobora, asimismo, que el comercio puede estimular el crecimiento económico, crear empleos productivos y reducir los niveles de pobreza. De hecho, incluso PED pobres como Bangladesh, Etiopía, Ghana y Viet Nam se han beneficiado recientemente de un rendimiento económico más sólido.

Dichas experiencias también reflejan otra lección importante: que las políticas de comercio (y de inversión) han sido más eficaces cuando han contribuido a la transformación estructural de la economía nacional. Entre ellas, se encuentran políticas que encaminan a la economía hacia altos niveles de productividad (al mismo tiempo que crean trabajos productivos) y que, de la misma manera, contribuyen a un aumento sostenido del nivel de vida. La importancia de este proceso de transformación no debe subestimarse, ya que los países más pobres suelen caracterizarse por depender de numerosos elementos, tales como las materias primas, mercados de exportación limitados, ayuda extranjera y tecnologías. Para superar retos como estos, tendrá que producirse un cambio estructural significativo. El comercio y las inversiones aumentan las oportunidades de mercado, potencian que los procesos de producción sean más eficaces y ofrecen recursos financieros y tecnológicos para ampliar la capacidad de producción. Con todo, las políticas comerciales y de inversión por sí solas no fomentan necesariamente una transformación estructural. Su papel debe definirse en el marco de una estrategia de desarrollo que persiga la transformación tanto interestructural como intraestructural de la economía.

Poniendo el punto de mira en el programa de desarrollo posterior a 2015, el Informe Europeo de Desarrollo 2013 se centró en tres motores de desarrollo internacional esenciales: comercio e inversión, financiación para el desarrollo y migración. El informe del Instituto para el Desarrollo de Ultramar, el Centro Europeo de Gestión de Políticas de Desarrollo y el Instituto de Desarrollo Alemán, titulado Post-2015: Acción Mundial para un Futuro Incluyente y Sostenible, subraya dos de las deficiencias clave del marco actual de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM): (1) los instrumentos (ODM 8) que se deben elaborar en torno a los resultados fundamentales (ODM 1 to 7) siguen siendo inexistentes (algunos incluso se han desplazado); y (2) al centrarse principalmente en los sectores sociales, el marco desatiende la importancia de aumentar la capacidad de producción de la sociedad: un imperativo para mejorar el nivel de bienestar. En consecuencia, la sostenibilidad de los logros de los ODM es cuestionable. El nuevo diálogo mundial para el marco posterior a 2015 debería, por tanto, tener en cuenta la experiencia de los ODM y, al mismo tiempo, el contexto político y económico y mundial tan cambiante. El futuro marco debe fundamentarse en una visión transformadora del desarrollo, respaldada por la necesidad de cambiar las estructuras social y económica, con el objetivo de garantizar una vía de desarrollo más sostenible e inclusiva.

Así pues, ¿qué se puede hacer para aprovechar el potencial del comercio internacional y las inversiones extranjeras?

El papel del Estado

La capacidad productiva de las economías pobres sigue siendo deficiente y no suficientemente desarrollada, lo que a su vez limita su habilidad para beneficiarse de un mercado mundial cada vez mayor. En los últimos tiempos, la mayoría de las políticas se han centrado en aumentar la 'capacidad de demanda' de esas economías, lo que normalmente significa producir más de lo mismo. Esto no puede considerarse como un signo de desarrollo. Lo que se necesita es un cambio orientado a aumentar la capacidad productiva de dichas economías; en particular, su productividad. Ello supondrá una transformación dinámica de las ventajas comparativas que existen en la actualidad.

El Estado, con sus fallos y limitaciones, tiene que ser parte de la solución. Realizar inversiones públicas de manera estratégica en infraestructura económica y desarrollo de capacidades resulta fundamental para alimentar un sector privado en auge. Por otro lado, la tecnología es esencial para aumentar la productividad, así como para garantizar una sostenibilidad medioambiental. Centrarse en mejorar la capacidad productiva, el papel del Estado y la tecnología sigue sin ser una de las prioridades del programa político de desarrollo a nivel mundial.

Gestión mundial

La gestión de los flujos de comercio mundiales continúa siendo un hobesiano; o lo que es lo mismo, un estado de anarquía, al menos desde la perspectiva de Katmandú o Maputo. Los Acuerdos de la OMC, a pesar de sus limitaciones, estaban empezando a dar forma y estructura a donde antes reinaba el caos, pero el proceso se ha estancado. Un mundo sin un marco multilateral pragmático y activo tiene muchas probabilidades de perjudicar y marginar todavía más a las economías pobres. Cuando se compara con enfoques regionales y bilaterales, un proceso multilateral puede ser más inclusivo y reducir las jerarquías de poder, así como las posibilidades de que los resultados dejen de lado los intereses de las economías pequeñas y débiles. No obstante, el valor del multilateralismo no reside en su retórica, sino en los problemas que puede llegar a resolver. En este caso, debido a la creencia dogmática en la 'liberalización' (en ocasiones, puede ser instrumental, pero no por defecto), el multilateralismo ha sido constantemente incapaz de solucionar problemas y dar lugar al cambio.

El mundo en el que estamos a punto de embarcarnos se definirá por los cambios actuales de la economía mundial. Esto último, a su vez, dará un nuevo rumbo a los flujos de bienes y servicios, ya sean flujos de producción o de consumo. Resulta inútil tratar de predecir cómo serán las cosas el día de mañana, ya que se producen cambios de manera continua. Lo que está claro es que la mayoría de las economías se verán cada vez más involucradas en tareas a lo largo de la cadena de producción, en lugar de producir y vender productos finales, tal y como sucedía en el pasado. Ello constituye, quizás, una progresión natural de la división mundial de los procesos de producción, debido a la especialización y la tecnología.

Elementos clave para el programa posterior a 2015

En el Informe Europeo de Desarrollo 2013, hablamos de varios elementos prácticos que podrían tomarse en consideración en el marco de desarrollo posterior a 2015, con el objetivo de apoyar la diversificación económica y la transformación estructural en los países más pobres. Algunas de las medidas claves que la comunidad internacional debería tener en cuenta son las siguientes:

  • Promover las exportaciones de los sectores modernos haciendo que las preferencias comerciales sean más eficaces; por ejemplo, a través de la reforma de las normas de origen, el tratamiento de los obstáculos no arancelarios y la promoción de la APC.
  • Reducir la vulnerabilidad a las crisis externas por medio del desarrollo de mecanismos de respuesta más eficaces; por ejemplo, planes para reducir la volatilidad de los precios de los productos básicos, y mecanismos de contingencia para mitigar efectos negativos en los ingresos.
  • Mejorar el impacto de la inversión extranjera a través de políticas que fomenten las inversiones en sectores con un potencial de crecimiento productivo y laboral sólido.

No se puede esperar que el sucesor de los ODM resuelva todos los problemas de la economía mundial. No obstante, si no se consiguen progresos significativos en las principales áreas de cooperación internacional (incluidos el comercio y la inversión), la visión de inclusión y sostenibilidad asociada la Declaración del Milenio continuará siendo un deseo inalcanzable. Lo que sí se puede lograr con el debate posterior a 2015 es potenciar un diálogo político constructivo e impulsar, de una manera positiva, la consecución de un acuerdo progresivo en torno a ciertas áreas esenciales. Entre el mundo hobbesiano, caótico y egoísta, y el gran Leviatán, hay cabida para la acción mundial colectiva.