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Salvar la brecha que divide al sector humanitario y al sector del desarrollo

3 mayo 2016
ITC Noticias
Fomentar la resiliencia con competencias y trabajos orientados al mercado para los refugiados y los migrantes

 

La Directora Ejecutiva del Centro de Comercio Internacional (ITC), Arancha González, ha instado hoy a la comunidad internacional a derribar las barreras que separan a la ayuda humanitaria y la asistencia al desarrollo económico, con el fin de ayudar a los refugiados y a otras personas desplazadas a adquirir competencias comerciables y experiencias que, en última instancia, puedan llevarse a su país de origen o a sus nuevos países.

En su discurso pronunciado en Estocolmo en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Suecia, señaló que las crisis de refugiados y migrantes que se vive en el Mediterráneo y en otros lugares se deben a múltiples causas. Para muchos migrantes irregulares, es fundamentalmente la ausencia de oportunidades económicas en su lugar de origen la que les empuja a emprender el viaje, potencialmente peligroso, a otro país. La Directora Ejecutiva añadió que la ayuda de emergencia para salvar vidas debe acompañarse de iniciativas que fomenten una resiliencia económica y social duradera.

Se calcula que la cifra mundial de refugiados, solicitantes de asilo y desplazados internos (que todavía se encuentran dentro de las fronteras de su país de origen) se sitúa en torno a los 60 millones, una cifra superior a la población de Italia. 

Complementar la ayuda humanitaria con resiliencia económica

González describió cómo podrían cooperar los gobiernos, los organismos internacionales y las organizaciones no gubernamentales para obtener la máxima repercusión a largo plazo: «Lo primero es, claramente, la respuesta humanitaria. Tenemos que prevenir los conflictos. Tenemos que centrarnos en salvar las vidas en peligro inmediato y prestar a las poblaciones afectadas la asistencia que necesitan».

Y añadió: «Sin embargo, cuando las situaciones se prolongan, las herramientas humanitarias tradicionales empiezan a presentar numerosas limitaciones». «Tras la fase de crisis inicial, es necesario recomponer los medios de vida, las sociedades y las economías».

Y sugirió que para cambiar las realidades de los refugiados es preciso aplicar un nuevo enfoque. Teniendo en cuenta que el período medio de estancia en un campo de refugiados es de 17 años, al negar a estas personas el derecho a trabajar o impartirles capacitación relacionada con competencias de las que existe una demanda de mercado muy limitada se corre el riesgo de «crear generaciones de personas que no saben lo que es trabajar para ganarse la vida». 

La demanda del mercado es crucial

En palabras de Arancha González, lo que hay que hacer es crear oportunidades para generar ingresos basadas en el mercado para los distintos grupos de personas vulnerables, ya sean refugiados y desplazados internos o migrantes que retornen, con el fin de que puedan desarrollar competencias útiles y acceder a unos medios de vida significativos. La escalabilidad y la sostenibilidad dependen de que se ajuste la demanda del mercado al potencial productivo de los beneficiarios. Para lograr ese ajuste es preciso, a su vez, que los agentes nacionales e internacionales salven la brecha que ha dividido tradicionalmente al sector humanitario y al sector del desarrollo.

La Directora Ejecutiva habló de la labor que realiza el ITC con la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y con el Consejo Noruego para los Refugiados (NRC) para demostrar cómo se podría ayudar a crear oportunidades de medios de vida sostenibles con el comercio incluso en entornos de desplazamiento.

En el Líbano y Turquía, por ejemplo, las auditorías de competencias y los análisis de mercado del ITC sugieren que el desarrollo de los sectores de decoración del hogar, el mobiliario y las alfombras podría generar oportunidades económicas relacionadas con la exportación para la población local y para los refugiados que han huido de la guerra civil de la vecina República Árabe Siria.

El ITC y el NRC están ejecutando un proyecto piloto en el campo de Dadaab (Kenya) para refugiados de la vecina Somalia que conecta a habitantes del campo, que se creó hace 24 años, con trabajos basados en internet de introducción de datos, identificación fotográfica y formateo de documentos para empresas radicadas en Nairobi del sector de la externalización de procesos empresariales. «Los nietos de los cabreros somalíes que huyen de la violencia de su país pueden tener oportunidades de prosperar en la economía digital», afirmó.

González destacó la importancia —política y moral— de crear oportunidades para los nacionales del país de acogida y para los desplazados con el impulso de la competitividad internacional de las empresas y los empresarios locales.

Además, la Directora del ITC instó a que se aborden «las causas socioeconómicas de fondo» de la migración económica, pues muchos migrantes irregulares abandonan sus lugares de origen simplemente «porque no pueden ganarse la vida decentemente». Las intervenciones orientadas pueden crear oportunidades empresariales y aumentar la competitividad de las pequeñas y medianas empresas (pymes), dando a los migrantes potenciales o que retornan más motivos para quedarse. Señaló a los esfuerzos constantes que hace el ITC para fomentar el crecimiento del empleo vinculado al comercio en Guinea, Liberia y Sierra Leona, países que salen de un conflicto y, más recientemente, se han visto afectados por el ébola.

González reconoció que el desarrollo socioeconómico no va frenar definitivamente la migración irregular a países más ricos, y afirmó que «la movilidad es inherente al ser humano».

Y concluyó: «Pero podemos y debemos abordar las causas que llevan a millones de personas a arriesgar su vida y la de sus hijos para poder ganarse el pan».

Y Lea el discurso completo de Arancha González.