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¿Podrían las exportaciones ser la clave para el desarrollo?

17 febrero 2016
ITC Noticias
Por qué el comercio puede ser el mayor impulsador del desarrollo sostenible

¿Debería la estrategia de desarrollo de una nación prestar una atención especial a las exportaciones? Al fin y al cabo, las exportaciones no tienen nada que ver con cubrir las necesidades básicas como la educación, la sanidad, el alojamiento, la electricidad, el agua, las telecomunicaciones, la seguridad o el ocio. Entonces, ¿por qué dar prioridad a las necesidades de los consumidores extranjeros?

Esto es, en resumen, lo que muchos oponentes al libre comercio y a la globalización económica, así como aquellos que creen que se debe tratar de igual modo a todas las industrias, quisieran saber. Si bien no hay respuestas correctas a preguntas incorrectas, precisamente por preocuparse por sus ciudadanos, los gobiernos deberían centrarse en las exportaciones.

Para comprenderlo, vamos a pensar en lo que es la economía de mercado. Algunos, incluido el Papa Francisco, dirían que se trata de avaricia; un sistema en el que los involucrados solo piensan en sí mismos.

Sin embargo, la economía de mercado debería considerarse como un sistema en el que nos ganamos la vida haciendo cosas para otros; nuestra ganancia dependerá del valor que otros le dan a nuestro trabajo. La economía de mercado nos obliga a preocuparnos por las necesidades de los demás, ya que es precisamente esta necesidad la que constituye la fuente de nuestra subsistencia. De algún modo, la economía de mercado es un sistema de intercambio de regalos donde el dinero simplemente da valor a los regalos que nos entregamos los unos a los otros.

Como resultado, la economía de mercado fomenta la especialización. Nos hacemos expertos en unos pocos conocimientos o productos y los intercambiamos por miles de cosas que no sabemos hacer. Como consecuencia, sabemos hacer muy bien unas pocas cosas y adquirimos el resto de otros.

Actividades no comerciables

Esta observación es cierta tanto a nivel individual como colectivo, ya sea una comunidad, una ciudad, una provincia o un país. Todos los lugares cuentan con tiendas de alimentación, centros de belleza, gasolineras o cines para dar servicio a la comunidad local. Los economistas denominan esto actividades no comerciables porque no se realizan pensando en los consumidores lejanos.

Sin embargo, los locales también querrán tener acceso a cosas que nadie del lugar sabe hacer. La mayoría de los municipios, por ejemplo, no producen alimentos, coches, gasolina, medicina, películas o televisores, por lo que tienen que importarlos. Para poder pagar por lo que quieren del exterior, deberán venderles algo que saben hacer.

Obviamente, estos forasteros tienen la opción de comprar en otra parte. Esta es la razón por la que los bienes y servicios que un lugar puede vender a los no residentes tienen un impacto tremendo sobre su calidad de vida, o incluso sobre su viabilidad. Un pueblo minero se convierte en un pueblo fantasma cuando cierra la mina porque los propietarios de la tienda de alimentación, de la farmacia y del cine ya no tienen la capacidad de adquirir los alimentos, los medicamentos o las películas que quieren importar.

A diferencia de las actividades no comerciables, las actividades de exportación de un lugar tienen que ser muy buenas para convencer a los clientes de fuera de que los adquieran, ya que estos cuentan con una infinidad de opciones. Esto significa que las exportaciones deben estar dotadas de una relación calidad/precio muy atractiva.

Una forma de mejorar esta relación es aumentar la calidad y la productividad. Otra, es reducir los salarios. Cuanto mayor sea la productividad y calidad de las actividades de exportación, mayores serán los salarios que se pueden pagar sin perder competitividad. Si bien el empleo de la industria de la exportación es importante, como ocurre en la mayoría de los lugares que no dependen de los ingresos petroleros, los salarios que este sector puede permitirse pagar afectarán a los salarios de todos los habitantes del lugar. Por tanto, a todos les interesa mejorar su sector de las exportaciones.

LA AMENAZA DE LA INNOVACIÓN

Debido a que están sujetos a una mayor competencia, las actividades de exportación tienden a mejorar más rápido en términos de tecnología y productividad que otras partes de la economía. Viven la amenaza continua de las innovaciones o de nuevos competidores que podrían interrumpir su negocio. Pensemos en el devastador impacto que tuvo el iPhone sobre la marca finlandesa Nokia, a la cabeza mundial en ese momento, o el efecto de la revolución del petróleo de pizarra sobre la OPEP.

Los lugares con éxito tienden a alejarse de un número pequeño de industrias poco tecnológicas pero lo suficientemente competitivas para exportar sus productos a un número más amplio de industrias que son cada vez más complejas. En Tailandia, por ejemplo, en 1963 el 97% de sus exportaciones se componía de productos agrícolas y minerales como el arroz, el caucho, la hojalata o el yute. En 2013, estos productos básicos representaban menos del 20% del total mientras que el porcentaje de la maquinaria y los productos químicos ascendía al 56%.

Encontramos transformaciones similares en todos los PED exitosos que no sean de la OPEP. El éxito de un lugar está estrechamente vinculado a la habilidad de sus habitantes para realizar esta transformación, como se puede ver en países como Singapur, Turquía e Israel.
Entonces, ¿qué deben hacer las ciudades, las provincias y los países? Los escépticos dirían que deben centrarse en arreglar las cosas importantes para los locales, como la educación o la infraestructura, o en mejorar el entorno empresarial de todos. Las exportaciones llegarán por sí solas.

La vida es más complicada que eso. Las necesidades de las actividades de exportación suelen ser muy distintas. Las normas, infraestructuras, competencias y maestrías tecnológicas específicas que requieren estas actividades tienden a ser diferentes a las requeridas por las actividades no comerciables, que son las que generan gran parte del empleo de un lugar.

Si bien es cierto que la diversificación hacia nuevas áreas siempre es desafiante, en el caso de las actividades comerciables lo es aún más, ya que se enfrentan a la competencia desde el principio. Los pioneros en las actividades no comerciables, sin embargo, comienzan con un mercado cautivo. Además, los exportadores necesitan conexiones sólidas con expertos de cualquier lugar del planeta, lo que les hace más vulnerables a las inversiones extranjeras, la migración y los vínculos profesionales internacionales.

Por tanto, para sobrevivir y prosperar, las sociedades deben prestar especial atención a las actividades que producen bienes y servicios que pueden vender a los no residentes. La necesidad de reaccionar ante nuevas oportunidades de exportación y eliminar los obstáculos al éxito son las lecciones centrales que se pueden extraer de los milagros de crecimiento experimentados en Asia Oriental e Irlanda.

Las actividades no comerciables son similares a las ligas deportivas de un país: a cada persona le gusta un equipo. Aquellos que se dedican a las actividades comerciables serían el equipo nacional. Todos debemos apoyar a este equipo y organizarnos para que triunfe.