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Empleo, iniciativa empresarial y mujeres jovénes líderes

15 abril 2013
ITC Noticias
Las economías de Oriente Medio y África del Norte necesitan esforzarse más por facilitar el acceso de mujeres y jóvenes al mercado laboral.

Han pasado más de dos años desde que las primeras protestas en el mundo árabe comenzaron en Túnez y se expandieron a otros países. El mundo árabe experimentó una transición sin antecedentes, cuyas repercusiones no podremos valorar a lo largo de las próximas décadas o generaciones. Muchos países de la región de Oriente Medio y África del Norte (MENA, por sus siglas en inglés) todavía siguen viviendo transformaciones importantes, y los jóvenes árabes continúan manifestándose en favor de un gobierno inclusivo y transparente, así como de una mayor libertad social y económica basada en la igualdad de oportunidades. Desde el principio, hombres y mujeres jóvenes han liderado el movimiento para el cambio, con el objetivo de poner fin a obstáculos económicos, sociales y legales difíciles de superar, así como a las normas culturales que han mermado la capacidad de las mujeres y los jóvenes del mundo árabe para participar activamente en la esfera pública.

Antes de la Primavera árabe, los líderes de la región habían dado prioridad a la creación de empleo en el sector privado y a la diversificación económica, facilitado el acceso a jóvenes y mujeres al mercado laboral, y les había dado más oportunidades para comenzar y ampliar sus propios negocios. Como resultado de todo ello, la presencia de las mujeres en las juntas directivas de las empresas, los gabinetes políticos y los medios de comunicación es mayor que nunca en el mundo árabe. Los países de MENA han llevado a cabo inversiones significativas en materia de desarrollo y educación, gracias a las cuales casi todos han logrado reducir como mínimo en un 90% las diferencias de género en la educación a lo largo de la última década. En dicho periodo, también aumentó el número de mujeres que ocupan puestos ministeriales y otros cargos públicos.

Ahora las mujeres gozan de una oportunidad sin precedentes para solicitar puestos relevantes en la elaboración de los nuevos marcos que definirán los precedentes legales, políticos y sociales de las próximas décadas. Se trata de un momento idóneo para reformar el entorno empresarial de la región e introducir empresarios, productores e inversores potenciales, incluidas las mujeres con la formación, las ideas y las aptitudes necesarias para marcar un antes y un después en el mundo árabe.

Se ha demostrado que los jóvenes árabes han estado marginados en lo que respecta a oportunidades económicas en la mayoría de los países de MENA, y que las mujeres están insuficientemente representadas en los sectores empresarial, financiero y legal, así como en la ciencia, la ingeniería, los deportes, los medios de comunicación y la medicina. Además, ocupan tan solo un 9% de los escaños en los parlamentos de toda la región. En la actualidad, según una investigación realizada por el Banco Mundial, solo un 27% de las mujeres en la región participan en el mundo laboral, en comparación con el 51% que sí lo hacen en otras economías de ingresos bajos, medios y altos; por otro lado, solo el 11% son autónomas, mientras que la cifra aumenta hasta un 22% en el caso de los hombres. Ello representa una clara oportunidad fallida para el crecimiento y el desarrollo económico.

Muchas mujeres árabes consideran que se trata de un momento ideal para entrar en nuevos nichos de mercado, utilizando la tecnología para satisfacer las demandas de los consumidores más modernos. En su esfuerzo por lograrlo, ya están atrayendo el interés de capital riesgo. Tras la Primavera árabe, más mujeres de la región están apostando por iniciativas empresariales frente a las formas de empleo tradicionales, en ocasiones por necesidades económicas. Están surgiendo nuevos conceptos de negocio innovadores, flexibles, en pro de la tecnología y basados en el conocimiento. El Banco Mundial calcula que las mujeres son dueñas del 20% de las empresas de MENA, en comparación con el 32% registrado en países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), y el 39% en América Latina y el Caribe. Las mujeres empresarias están demostrando ser usuarios prolíficos de las TIC, así como de las redes sociales, fundamentales para la competitividad mundial.

Con todo, las mujeres árabes tienen que enfrentarse a más retos que los hombres para mantener su empleo. Una investigación llevada a cabo por Booz & Company demuestra que el 57% de los titulados universitarios en Arabia Saudita son mujeres; sin embargo, éstas representan tan sólo el 12% de la fuerza laboral del país y trabajan principalmente en el sector público.

Asimismo, en la región se registra uno de los porcentajes más elevados de mujeres que trabajan en la agricultura. El Centro Internacional de Altos Estudios Agronómicos Mediterráneos (CIHEAM) indica que, en Egipto, un 50% de las mujeres trabaja en el sector agrícola, mientras que la cifra alcanza el 60% en Marruecos. Según el Banco Mundial, un 70% de la población pobre de MENA vive en zonas rurales. La seguridad alimentaria es uno de los desafíos más importantes, dado que existe un índice de crecimiento demográfico elevado entre aquellos que dependen de la agricultura. Ésta constituye un sector vital para las economías árabes, y las mujeres desempeñan un papel fundamental en la producción de alimentos y otros bienes.

Nuevas perspectivas para la contratación de mujeres

Las mujeres árabes empresarias de MENA están luchando para tener acceso al capital, tecnologías, redes de contactos, oportunidades de márketing, desarrollo de capacidades y formación especializada. La actitud cultural sobre el valor del trabajo de las mujeres y la igualdad de género influye en su participación económica en todo el mundo; sin embargo, en la región árabe, dicha actitud perjudica especialmente la capacidad empresarial de las mujeres y tiene una repercusión negativa en las opciones profesionales y las oportunidades de éxito de las que disponen.

Numerosos informes de organizaciones como la OCDE, el Banco Mundial, el FMI y think-tanks regionales indican que las mujeres jóvenes con una buena formación son más vulnerables a la falta de empleo en MENA. El porcentaje de mujeres jóvenes egipcias con un título universitario pasó de un 6% a un 12% entre 1998 y 2006, pero el índice de desempleo en el mismo grupo aumentó de un 19% a un 27%.

Oasis 500, un centro de incubación de start-ups en Jordania que decide a qué empresarios apoya tras hacerles pasar por un centro de formación, apunta que las mujeres árabes tienen el doble de éxito que los hombres árabes a la hora de atraer inversores. Aproximadamente un 22% de los asistentes a los centros de formación de Oasis 500 son mujeres, y el 40% de las inversiones en empresas que realiza el centro están lideradas por mujeres.

Según el Banco Mundial y la OCDE, las PYME que son propiedad de mujeres en Oriente Medio suelen contratar a más mujeres: entre sus empleados, un 25% son mujeres, en comparación con el 22% registrado en las empresas cuyos dueños son hombres. Asimismo, el Banco Mundial, indica en una de sus publicaciones, The Environment for Entrepreneurship in the Middle East and North Africa Region, ‘Las empresas de mujeres también contratan un mayor porcentaje de mujeres para puestos profesionales y directivos. Las empresas de hombres ofrecen puestos de trabajo menos cualificados para las mujeres.’

En diciembre de 2012, la presencia de mujeres en los consejos de administración de las compañías y las agencias gubernamentales se estableció como obligatoria en los Emiratos Árabes Unidos. Sheik Mohammed Bin Rashid Al Maktoum, Vicepresidente de los Emiratos Árabes Unidos y gobernador de Dubai, anunció la nueva norma a través de Twitter. El impacto que tendría dicha medida en la economía de la región si se pusiera en práctica en cada país de MENA sería verdaderamente notorio.

El Foro Internacional sobre la Mujer Árabe considera que el empoderamiento de la mujer en materia de política dentro del mundo árabe es la vía más legítima para conseguir un desarrollo sostenible en la región. En su informe La participación de la mujer en la fuerza laboral, el Banco Mundial declara: ‘Se estima que la participación de las mujeres en la economía da lugar también a una mayor participación en los asuntos públicos.’ No obstante, hasta el momento, la Primavera árabe no ha conseguido otorgar un poder político mayor a las mujeres y, en algunos de los países afectados, los logros alcanzados en cuanto a la presencia de las mujeres en la vida pública se han visto quebrantados o han desaparecido por completo.

En Egipto, por ejemplo, se excluyó a las mujeres del proceso de construcción nacional tras el cambio de gobierno del año pasado. No se incluyó ni a una sola mujer en el comité encargado de crear la nueva constitución, y el porcentaje de mujeres en el parlamento egipcio cayó de un 13% en 2010 hasta un 2% en 2012, según el informe del Instituto de Estudios de Desarrollo Justicia de género en el Parlamento de Egipto. A pesar de estos obstáculos, los grupos de mujeres árabes continúan participando de forma activa en las protestas, oponiéndose a la opresión y luchando por el cambio. El mundo árabe ha vivido un nuevo movimiento cívico y dinámico, pero éste se debe traducir en una mayor participación de las mujeres en el desarrollo de nuevas constituciones que protejan sus derechos.

Los gobiernos árabes deben reconocer el papel tan importante que desempeñan las mujeres en la región como líderes de negocios, así como el potencial de las mujeres empresarias para estimular el crecimiento económico, impulsar la productividad regional y favorecer la creación de empleo. Las mujeres tienen que desempeñar un papel mayor en un momento tan decisivo como este. Sin una mayor presencia de las mujeres en la política, los sectores empresarial y financiero, y la sociedad civil, el empoderamiento de las mujeres y los jóvenes de forma duradera y sostenible nunca será posible en la región de MENA.

Garantizar la inclusión

Los sectores público y privado deben realizar un esfuerzo colaborativo. Muchos gobiernos ya están trabajando para conseguir índices de empleo equitativos para las mujeres a nivel nacional, y están creando incentivos para que las empresas del sector privado contraten y ofrezcan formación a mujeres, además de mantener sus puestos de trabajo. El progreso depende también de las escuelas y las universidades árabes: deben formar a candidatas que estén preparadas para satisfacer las demandas de los nuevos sectores de mayor crecimiento, como la tecnología, las ciencias y la ingeniería, en lugar de los sectores más tradicionales, como la atención sanitaria o el secretariado.

Reducir los costes y la complejidad que supone la apertura de un negocio permitiría que los nuevos empresarios contribuyesen con nuevas ideas, servicios, conceptos y tecnologías, lo que impulsaría a su vez la productividad y el crecimiento de las economías árabes. Mejorar el acceso a la financiación es importante para que la región experimente un verdadero crecimiento empresarial y la creación de empleo. El Banco Mundial establece que, en las economías de MENA, los préstamos comerciales representan solo un 10% de la financiación ofrecida y son muy difíciles de conseguir. Cerca del 80% de las nuevas empresas están financiadas por los propios ahorros de los dueños o por sus ganancias.

Si bien la legislación sobre negocios e inversiones de la región es neutra en cuanto al género, las mujeres tienen que hacer frente a más obstáculos financieros que los hombres, especialmente la resistencia cultural contra el hecho de trabajar fuera del hogar. Contar con con mentores es crucial para las mujeres de la región. Los grupos y los recursos para dicho asesoramiento ya existen, pero se necesita trabajar más para que las mujeres tengan conocimiento de su existencia.

Los gobiernos árabes, las ONG regionales y el sector privado deben trabajar conjuntamente para establecer programas de inversión y centros de formación en zonas rurales, así como para ofrecer microcréditos para pequeñas empresas. Cuantas más mujeres superen los obstáculos para hacer negocios en la región de MENA, antes se conseguirá un entorno social, político y empresarial más favorecedor para ellas.