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Crecimiento y desarrollo: la apertura al comercio no es suficiente

17 febrero 2016
ITC Noticias
¿Por qué la apertura de la economía mundial y la competitividad nacional
deben ir de la mano?

Actualmente nos encontramos en una batalla de opiniones en lo que se refiere al estado de la economía mundial y a sus perspectivas de crecimiento. Larry Summers, antiguo Secretario del Tesoro de los EE.UU., ha estado al frente del grupo de economistas que proclaman que el mundo ha entrado en una era de estancamiento secular desde la crisis económica mundial. En el otro extremo, el banco Standard Chartered y agentes similares han declarado que estamos viviendo un superciclo económico, definido como un crecimiento medio de alrededor del 3,5% entre el 2000 y el 2030, debido al importante crecimiento de los mercados emergentes e impulsado por un bono demográfico mundial.

La situación actual es que ni siquiera se llega a un consenso en cuanto a los factores que impulsan el crecimiento y el desarrollo en el mundo. Si bien algunos eventos recientes, como la Asociación Transpacífico y los acuerdos sobre facilitación del comercio y productos de tecnología de la información de la OMC, muestran que el progreso es posible, las negociaciones de la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión entre los Estados Unidos y la Unión Europea siguen siendo muy controvertidas. Asimismo, en la reciente Conferencia Ministerial de la OMC en Nairobi, aunque terminó con algunos resultados útiles, se destacaron las divisiones en lo referente al futuro de las negociaciones del organismo comercial.

No obstante, todas las partes deberían ser capaces de coincidir en que la apertura económica es esencial para facilitar el crecimiento, crear empleo y reducir la pobreza. El comercio ofrece nuevas oportunidades de mercado para las empresas nacionales, más productividad y mayor innovación a través la competencia. Contribuye a la reducción de la pobreza, al aumento salarial, a los beneficios geopolíticos que derivan de una mayor integración económica e incluso a una mayor libertad y elección de los individuos.

APERTURA ECONÓMICA

En la era moderna, ningún país ha podido crecer con éxito sin aprovechar la apertura económica al comercio internacional, a las inversiones y a la libre circulación de personas. Esto es especialmente el caso de los países más pequeños, ya que rara vez una nación de menos de 10 millones de habitantes ha alcanzado el estado 'país de ingresos altos' si sus exportaciones han representado menos del 50% de su Producto Interior Bruto (PIB).

El panorama comercial mundial sigue evolucionando. La producción de piezas y componentes que antes se realizaba en una única fábrica o nación ahora se ha dispersado entre varios países. Estas cadenas de valor mundiales ofrecen a los PED una vía para participar en la economía mundial como nunca antes habían podido hacerlo. Además, el número de participantes crece: actualmente los PED son responsables de cerca del 40% del comercio mundial. Estos cambios significan que la competencia en los mercados mundiales se ha intensificado, lo que exige que los países sean más competitivos porque la apertura por sí sola no basta.

Aquí es donde entra en juego el programa de la competitividad. A fin de aprovechar plenamente los beneficios de la apertura a través del comercio, las inversiones y la circulación de personas, es crucial que se elabore una estrategia que tenga en cuenta el comercio y la competitividad, señalaba 'The Case for Competitiveness', un informe publicado recientemente por el Foro Económico Mundial. El comercio es fundamental para la competitividad económica de un país que, a su vez, promueve el éxito de las empresas y economías en el comercio mundial, y en especial la integración en las cadenas de valor mundiales.

POTENCIAL DE COMPETITIVIDAD

La competitividad de una economía determina sus posibilidades de convertir el potencial que ofrece la apertura en oportunidades. Esto implica tres componentes principales:

En primer lugar, crear políticas y regulaciones que afectan al entorno empresarial, muchas de las cuales se pueden encontrar en el informe anual 'Doing Business' del Grupo del Banco Mundial, así como unas condiciones macroeconómicas estables, como políticas fiscales, monetarias, financieras y de tipos de cambio.

En segundo lugar, establecer instituciones que incluyan todos los aspectos de una 'buena gestión', como una administración pública eficiente, una toma de decisiones oportuna y la aplicación imparcial de derechos de propiedad y contratos.

En tercer lugar, invertir en infraestructura física, como el transporte, las comunicaciones, la energía o la logística, y de servicios, como la educación o los conocimientos. Estas crean el capital social e intelectual que hace que las inversiones en infraestructura física y nueva tecnología sean más productivas.

Muchos consideran la competitividad un juego de ganadores y perdedores, donde una economía pierde si la otra avanza. En realidad, la mejora de la competitividad es una carrera a la cima donde las empresas privadas ganan productividad, generan empleo y aumentan los ingresos. En un mundo interconectado de cadenas de valor mundiales, mejorar la competitividad es tanto un esfuerzo colectivo como uno individual.

Nos encontremos en un estancamiento secular o en un superciclo, reforzar tanto la apertura de la economía mundial como la competitividad nacional es más importante que nunca. El potencial para fomentar el crecimiento, la innovación, la creación de empleo y el desarrollo mediante un enfoque que tenga en cuenta tanto el comercio como la competitividad está ante nosotros.