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Blog: La nueva normalidad de las pequeñas empresas con orientación internacional

2 junio 2020
ITC Noticias
Cuatro puntos clave para que las pequeñas empresas sobrevivan a la crisis de la COVID-19

La pandemia de la COVID-19 ha provocado una interrupción sin precedentes de la producción, el comercio, el consumo y nuestras vidas en general. El impacto ha sido terrible para millones de personas de todo el planeta. Los profesionales del comercio y la inversión, los miembros del sector académico y los ciudadanos empiezan a reflexionar, cada vez más, sobre el período de recuperación y las implicaciones para la producción, el comercio y el desarrollo socioeconómico. Cuatro aspectos parecen revestir especial importancia para que las microempresas y las pequeñas y medianas empresas (mipymes) con orientación internacional se preparen para la "nueva normalidad" y se sitúen a la cabeza en cuanto a generación de resiliencia, inclusividad, sostenibilidad y crecimiento de cara al futuro.

1. Mejorar el diálogo entre los sectores público y privado en aras de la robustez y la transparencia de las cadenas de valor internacionales

Esta crisis está demostrando que las cadenas de suministro eficientes y la reducción de las barreras comerciales son críticas para el suministro de productos esenciales, sobre todo, para los países en desarrollo. Sin embargo, las prácticas relacionadas con el comercio han experimentado en los últimos años un aumento de medidas restrictivas para el comercio, acompañado de un descenso del apoyo político a una economía mundial abierta y al multilateralismo. En estos momentos, la Organización Mundial del Comercio está detectando un crecimiento en el número de restricciones a la exportación como respuesta a la crisis de la COVID-19.

Unos enfoques más atinados con respecto a las asociaciones entre los sectores público y privado pueden identificar y abordar las restricciones que normalmente impiden un rápido reabastecimiento del suministro de productos esenciales. Si nos fijamos en el contexto más general, existe a menudo una desconexión entre las operaciones verticales de las cadenas de suministro, que con frecuencia abarcan varias fronteras, y los diálogos multilaterales horizontales sobre marcos regulatorios y temas conexos dentro del diálogo entre los sectores público y privado.

Pongamos por ejemplo la fabricación de un coche. Las diversas piezas que van en un coche suelen producirse y montarse en un conjunto de países. Las piezas que van en la caja de cambios, por ejemplo, pueden producirse en distintos países y montarse para conformar la caja de cambios en un tercer país. Esta caja de cambios se envía a continuación a un cuarto país donde se coloca en el coche y se monta en el motor. El coche se envía a continuación a un quinto país, en el que se vende. La producción se desarrolla en distintos países y cada uno de ellos se rige por sus propios reglamentos nacionales, sustentados en diálogos nacionales entre los sectores público y privado. Sin embargo, todos forman parte de una cadena de suministro vertical. Como consecuencia de ello, la organización vertical de las cadenas de suministro y el carácter horizontal de los diálogos entre los sectores público y privado no encajan. Con unos marcos para los diálogos entre los sectores público y privado en las cadenas de suministro verticales se podrían abordar las cuestiones que vayan surgiendo a lo largo de la cadena de un modo más coherente.

Una solución podría pasar por plasmar las operaciones de las cadenas de suministro internacionales en una estructura internacional, por ejemplo, a través de consejos de la cadena de suministro con participantes de los sectores público y privado procedentes de los países en los que se desempeñan las distintas funciones de las cadenas de suministro. El concepto de los consejos de la cadena de suministro, promovido por Bernard Hoekman¹ entre otros, parece muy acertado para el contexto actual en el que se necesita un rápido despliegue de productos y una solución a largo plazo.

Los consejos de la cadena de suministro podrían llevar a la mejora de los diálogos entre los sectores público y privado sobre los marcos regulatorios que garantizarían la robustez de las operaciones y una mayor transparencia en las cadenas de valor. Esto conlleva apostar por las cadenas de valor en lugar de rechazarlas —y admitir que el comercio y la apertura de los mercados no suponen ninguna contradicción con respecto al desarrollo de resiliencia nacional ante las crisis provocadas por brotes de virus u otros factores externos.

2. Reforzar los ecosistemas en los que operan las pequeñas empresas con el fin de protegerlas en el futuro

La pandemia de la COVID-19 ha afectado gravemente a las mipymes de todo el mundo de tres maneras fundamentales: el colapso del suministro, el colapso de la demanda y los requisitos del confinamiento.

En algunos países de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), los gobiernos han puesto en marcha programas de ayudas financieras para amortiguar el golpe de la crisis. Casi ningún país en desarrollo puede aplicar estas medidas, en detrimento de sus mipymes y de las comunidades afectadas.

La situación actual apunta a la necesidad de ecosistemas más robustos para sustentar a las pequeñas empresas y su producción, el empleo, los medios de subsistencia y el bienestar social. La mejora del acceso a la información, la gestión de los problemas logísticos y otras barreras, la mejora del acceso a la financiación, la contratación pública, las deducciones fiscales, etc. son elementos importantes para ayudar a las mipymes a afrontar las consecuencias de la pandemia y a superarlass.

También podría ser buena idea "probar la resistencia" de los ecosistemas de apoyo en los que operan las mipymes. Una prueba de resistencia o de presión podría ayudar a identificar las debilidades del sistema y a comprender cómo se puede aumentar su robustez. Las pruebas de resistencia y de impacto de los sistemas financieros realizadas después de la crisis financiera de 2008-2009 aportaron información interesante y útil para mejorar la resiliencia de estos sistemas.

En los ecosistemas empresariales, las instituciones afectadas desempeñan una función especial. Un enseñanza clave de la crisis actual es que unas instituciones capaces y competentes, sustentadas en la confianza que depositan los ciudadanos en ellas, marcan una enorme diferencia en la capacidad de los países para abordar la crisis. Esto es aplicable a las organizaciones de apoyo a las empresas y a otras organizaciones en general.

3. Si bien el comercio es un potente vehículo para generar crecimiento y bienestar social, en el mundo después de la COVID-19 tenemos que mejorar los resultados comerciales

Las mujeres, los jóvenes y las comunidades pobres son los más afectados por los impactos de la COVID-19. Las mipymes dirigidas por mujeres o jóvenes tienen, por término medio, menos recursos y menos acceso a los mercados, a la información y a la financiación que las empresas dirigidas por hombres. Como empleados, las mujeres y los jóvenes se encuentran a menudo en situaciones de empleo vulnerables, y muchos trabajan en sectores que actualmente están sufriendo una fuerte caída de la demanda, como el turismo y la hostelería, el textil y la confección, el comercio minorista, etc.

Las comunidades agrícolas pobres se enfrentan al triple reto de los problemas provocados por el cambio climático, acompañados a menudo de importantes fluctuaciones de los precios y, ahora, de una profunda crisis sanitaria. Aunque los temas climáticos prácticamente han desaparecido de los titulares, las preocupaciones medioambientales seguirán acompañándonos en la era después de la COVID-19.

Conforme vayamos saliendo de la crisis provocada por la pandemia, estos retos indican que necesitamos unos resultados más justos, más equitativos y más sostenibles para garantizar un mundo próspero, robusto, inclusivo y verde. También implican que un gran porcentaje de los paquetes de estímulo económico debería destinarse a soluciones sostenibles, y favorecer a los pobres, prestando atención a las actividades intensivas en mano de obra y a las iniciativas de rápida ejecución.

4. Buscar soluciones mundiales para problemas mundiales

La COVID-19 ha ratificado nuestra interdependencia como comunidad global y la necesidad de un diálogo mundial para buscar soluciones globales a problemas mundiales, ya estén relacionados con el brote del próximo virus o con problemas medioambientales o sociales.

Los diálogos internacionales y el multilateralismo son importantes para garantizar la recuperación y la resiliencia cuando salgamos de esta crisis. En este contexto, unas instituciones que faciliten el diálogo y marquen unas reglas y unas guías conexas por las que nos rijamos todos como comunidad mundial, como las Naciones Unidas, se convierten en agentes esenciales.

¹ Hoekman, B. 2013. "Adding Value," Finance & Development. 50(4): 22-24.

Hoekman, B. 2014. Supply Chains, Mega-Regionals and Multilateralism: A Road Map for the WTO. London: CEPR Press.