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Nuevos objetivos de desarrollo para fomentar el crecimiento económico

15 septiembre 2014
ITC Noticias


Los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) han sido importantes tanto por sus éxitos como por sus fracasos. Desde que se acordaron en el año 2000, ha disminuido el número de personas que viven en condiciones de extrema pobreza y ha descendido el índice de mortalidad materna. No obstante, ha existido cierta falta de coherencia entre algunas de las metas y un gran desequilibrio en lo que se refiere a los progresos de los distintos PED. Los ODM nos han ofrecido una visión innovadora de lo que significa un programa verdaderamente global para el desarrollo humano. De cara a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y años posteriores a 2015, esta visión debe ir de la mano de la valentía y el compromiso.

La meta de los ODM era hacer frente a algunos de los síntomas de la pobreza mundial; ha llegado la hora de afrontar las causas. Para ello, los ODS deben abordar las causas que mantienen a las personas en la pobreza. Deberán cuestionar los valores que se han defendido durante mucho tiempo, especialmente en el área del comercio.

Los 17 ODS propuestos a la ONU contienen un lenguaje muy alentador. Proponen, por ejemplo, un 'crecimiento económico inclusivo y sostenible' y un 'trabajo decente para todos'. 'Reducir la desigualdad', 'promover la agricultura sostenible' y 'fomentar el consumo sostenible'. Parecen dirigirse a los problemas fundamentales adyacentes a la pobreza y al sufrimiento, y existe un enfoque en la importancia del comercio justo.

El movimiento de Fairtrade lleva más de 25 años intentando abordar estos desafíos basándose en la convicción de que el comercio, si se lleva a cabo de forma diferente, puede reducir la pobreza y potenciar el desarrollo sostenible. El crecimiento de Fairtrade demuestra el gran apoyo comercial y público que hay detrás de esta idea: más de 1,4 millones de trabajadores de 70 países se benefician de los términos comerciales claros, así como de los compromisos con el bienestar social y ambiental, que son la base de nuestros estándares.

Además, podemos detectar un cambio en la descripción de los ODS que muchos actores del movimiento reconocerían y aplaudirían. Esto significa que se comprende que un mercado 'libre' no gestionado, que antepone los beneficios a las personas y al planeta, y en el que las empresas pueden actuar con impunidad y fomentar el aumento del consumo provocando una disminución de los precios y devaluando la agricultura, no es sostenible y debe ser controlado. La crisis financiera mundial ha sido una prueba clara de que un mercado libre sin control puede destruir los medios de vida de muchos mientras que solo enriquece a unos pocos.

Con todo, los ODS propuestos se podrían ver perjudicados por las deficiencias de las políticas de mercado nacionales e internacionales. La mayoría de las economías desarrolladas no quieren regular sus mercados; creen que frenar el control significa impulsar el crecimiento. A pesar de que cada vez somos más conscientes de la atroz pobreza y explotación en las primeras líneas de las cadenas de valor mundiales, los más marginados y vulnerables cuentan con muy poco apoyo de los gobiernos nacionales e internacionales y con muy poco derecho de compensación. Demasiadas veces el comercio mundial parece haber ido en una dirección mientras que los ODM, la opinión pública y las iniciativas, como Fairtrade, han ido en otra.

Los ODS ofrecen una oportunidad para crear un entorno en el que todos los actores (productores, comerciantes, consumidores y formuladores de políticas) vayan en la misma dirección. Esta unidad de propósito es la esencia de Fairtrade: pretende mostrar que se necesitan unas normativas comerciales sólidas para que el terreno de juego sea equitativo. A menos que los gobiernos se comprometan a aprobar leyes que respalden los ODS, perderemos esta oportunidad de transformación.

Los ODS habrán dado resultado si aquellos que dan de comer al mundo se sienten seguros sobre su futuro y pueden alimentarse; si no se repite una tragedia como la de la fábrica Rana Plaza, donde fallecieron más de 1.000 personas; si las empresas realmente se hacen responsables de sus impactos; y si los gobiernos están preparados para asegurar que el mercado funcione para la humanidad y no al revés.