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Inclusividad y sostenibilidad en el comercio mundial: la dimensión Sur-Sur

29 marzo 2012
ITC Noticias

El mundo aún se está recobrando de la peor recesión desde la Gran Depresión y el camino hacia el crecimiento económico sostenible sigue siendo resbaladizo. La recuperación tentativa todavía es frágil, particularmente en los países desarrollados donde altos niveles de endeudamiento perjudican la confianza empresarial y frenan la demanda. Las inquietudes acerca de una posible recesión doble no cesan de aumentar.

Los origines de esta precaria posición mundial radican en un enfoque de la política económica que se impuso en las tres últimas décadas y dio precedencia al sector financiero. El proceso de la globalización impulsada por las finanzas redundó en una creciente separación entre la economía real y la economía financiera que fue predominando cada vez más a medida que el dinero circulaba rápidamente en busca de ganancias especulativas. En ese mundo desequilibrado, el crecimiento pasó a depender de crecientes inyecciones de deuda que generaron breves brotes de prosperidad, pero que en muchos casos terminaron abruptamente y tuvieron consecuencias destructivas. Ese patrón de auge y caída alimentó otra tendencia creciente: la agudización de la desigualdad. Durante esos ciclos, quienes ganaron menos y sufrieron más fueron aquellos que están en la base de la pirámide. A la vez, hubo un aumento de fragilidades sistémicas porque desigualdad y endeudamiento se nutren mutuamente.

Si bien las causas de la crisis residen en los países adelantados, las consecuencias económicas y sociales se hacen sentir en el mundo entero. En 2009, poco después que estallara la crisis, el comercio mundial se contrajo drásticamente, pero en 2010 repuntó aunque el impacto varió de una región a otra. En los países menos adelantados, los índices del comercio de mercancías sufrieron un revés muy duro y en 2010 los niveles de exportación seguían siendo inferiores a los de 2008. A raíz del grave impacto de la crisis en las perspectivas comerciales de los países en desarrollo, la atención se orienta cada vez más hacia el mentado ‘surgimiento del Sur’ como nueva fuente de oportunidades comerciales más inclusivas y sostenibles.

El surgimiento del Sur 

Desde principios del nuevo milenio, vimos aparecer polos de fuerte crecimiento en el Sur e intensificarse los vínculos Sur-Sur en términos de comercio, capital, tecnología y flujos de mano de obra. Ese surgimiento del Sur cambió el equilibrio de la economía mundial. 

Ahora bien, en muchos países menos adelantados, el crecimiento económico de los años 2000 obedeció en gran medida al aumento del precio de los productos básicos, por lo cual, es improbable que esa situación sea sostenible o indicativa de avances en la capacidad productiva.

En la década pasada hubo una gran expansión del comercio entre países del Sur. La importancia de los mercados sureños aumentó en forma sostenida, pues pasaron a ser destino de exportación y fuente de importación. Entre 1996 y 2009, el comercio Sur-Sur aumentó a razón de un 12% anual es decir, a un ritmo 50% más rápido que el comercio Norte-Sur. En 2010, la parte de las economías en desarrollo y en transición en el total mundial de la inversión extranjera directa igualó por primera vez aquella de las economías desarrolladas.

Ahora bien, al igual que el crecimiento económico, la expansión del comercio Sur-Sur fue desigual. El comercio intrarregional de África y América Latina está a la saga del comercio intrasiático; Asia contabiliza más del 66% del comercio de mercancías Sur-Sur y las empresas asiáticas lideran el comercio interregional del eje Sur-Sur. También hubo un gran aumento del comercio entre las regiones; por ejemplo, entre 2002 y 2005, el comercio brasileño con África aumentó 153% en términos de exportaciones y 149% en términos de importaciones y el comercio con Asia 111% con exportaciones e importaciones casi iguales.

A pesar de esos avances, los exportadores del Sur tienden a focalizarse en mercados tradicionales de países industrializados, pero el comercio con otros países del Sur genera beneficios. Los mercados norteños, sumamente competitivos y de difícil acceso, requieren grandes volúmenes, estrictos controles de calidad y observancia de las normas de embalaje y responsabilidad social corporativa. El comercio Sur-Sur puede ofrecer oportunidades inmediatas de exportación a una escala gestionable antes de abordar los mercados del Norte. 

Los principales impedimentos del comercio Sur-Sur residen en obstáculos comerciales que son mucho más altos que en los países desarrollados y en la fragilidad de la infraestructura física e institucional. Además, se tiene la impresión de que la producción de los países en desarrollo es bastante similar –materias primas y productos básicos– y que, por ende, no hay mucha oferta. Esa impresión, junto con la noción de bajos niveles de PIB, implica que haya poco potencial de mercado, lo que tiende a limitar la actividad comercial. Aun así, el rápido crecimiento del comercio Sur-Sur en Asia Oriental demostró que esos impedimentos se pueden superar mediante políticas bien diseñadas y que ese comercio puede aportar cuantiosos beneficios a la región.

Si bien es cierto que el comercio Sur-Sur ofrece grandes oportunidades a los países en desarrollo, no debería considerarse una panacea, pues se le pueden aplicar muchas salvedades idénticas a las del comercio Norte-Sur. Para que el comercio promueva el desarrollo, tiene que fomentar la capacidad productiva y alejarse de la especialización en productos básicos; en ambos casos, hacen falta políticas proactivas que garanticen una amplia distribución de las ganancias del comercio y apoyen la transformación estructural del país. Ahora bien, recientes estudios de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) muestran que el comercio intrarregional Sur-Sur en muchos casos puede conducir más a la diversificación, el cambio estructural y el perfeccionamiento industrial que el comercio en su conjunto. 

El camino por delante

Hay potencial para una considerable expansión del comercio Sur-Sur, pero aunque esta última sea impulsada por el mercado y solo se pueda sustentar a través del sector privado, los gobiernos pueden desempeñar un papel vital creando condiciones que faciliten el crecimiento del comercio. Al respecto, la labor del ITC para apoyar esa facilitación reviste hoy más importancia que nunca y su Programa de Promoción del Comercio Sur-Sur es particularmente significativo, pues sensibiliza sobre el potencial comercial que existe entre varios sectores de países en desarrollo. En el marco de la asistencia técnica que presta en cuestiones jurídicas, financieras, de embalaje y gestión de la calidad de exportación, el ITC sigue reforzando la infraestructura de promoción del comercio. Asimismo, mediante sus encuestas sobre la oferta y la demanda de países y productos, colma lagunas de datos comerciales, alienta el intercambio de información y contribuye a armonizar procedimientos de inspección y certificación.

La UNCTAD también viene apoyando la cooperación Sur-Sur desde hace mucho tiempo, por ejemplo, con el Sistema Global de Preferencias Comerciales, establecido por la UNCTAD XI en São Paulo en 2004, para proporcionar un marco de comercio mutuo y cooperación económica entre los países en desarrollo mediante el intercambio de concesiones de mercado. Además, la UNCTAD apoya el intercambio de experiencias y propone crear una red de formuladores de políticas de todo el Sur.

Tales intervenciones son vitales para reforzar lazos entre dichos países que puedan alentar la cohesión política y económica, pero eso no quita que hagan falta reformas más radicales si nos proponemos impedir la recurrencia de la crisis y garantizar la inclusividad y la sostenibilidad. A medida que se disipa la polvareda de la reciente tempestad financiera, resulta cada vez más evidente que si seguimos actuando como si nada, vamos camino al desastre.

Ahora hace falta un mayor esfuerzo colectivo para abordar las causas subyacentes de la crisis. El mundo está más integrado y es más interdependiente que nunca, por lo cual, es indispensable establecer un régimen mundial de gobernanza económica más embarcador que garantice su buen funcionamiento.

La actual estructura del mercado se fundó en la hipótesis de la eficiencia del mercado que hoy sabemos errónea por falta de instituciones y mecanismos apropiados para regular los flujos financieros internacionales y gestionar los desequilibrios macroeconómicos mundiales. Abrumado por la crisis, el mundo actual exige una coordinación global que vaya más allá de los recientes esfuerzos del G20.

UNCTAD XIII 

En abril de 2012 se celebrará en Doha, Qatar, el 13° período de sesiones de la UNCTAD que tendrá por tema La mundialización centrada en el desarrollo: Hacia el crecimiento y el desarrollo equitativos y sostenibles. En ese evento de una semana, representantes de los Estados miembros, organizaciones del sector privado y organizaciones no gubernamentales considerarán y formularán juntos una política comercial que propicie el desarrollo económico y social. El comercio y la cooperación Sur-Sur serán elementos claves y esperamos avanzar bastante hacia un nuevo programa mundial.

El reciente caos económico fue fuente de una gran inestabilidad, pero también creó la oportunidad de operar cambios de talla. La UNCTAD XIII ofrecerá un foro donde diseñar grandes reformas del marco económico mundial e idear estrategias para que el comercio y el desarrollo globales sean inclusivos y sostenibles. Es imprescindible cambiar nuestro enfoque para que el desarrollo inclusivo esté en primera línea de un programa político con respuestas integradas entre países, sectores y comunidades. Con correctos principios, asociaciones y políticas, tenemos la oportunidad de reequilibrar la economía mundial, convertir las recientes rachas de crecimiento en mejores niveles de vida para todos y asegurar un medio ambiente saludable a las futura generaciones.