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Hacia una nueva generación de ayuda para el comercio

30 septiembre 2013
ITC Noticias
Es necesario pasar de Ayuda para el Comercio a la Inversión para el Comercio.

En el Cuarto Examen Global de la Ayuda para el Comercio de la OMC, que tuvo lugar en julio de 2013, se identificaron dos mensajes clave. El primero es que las cadenas de valor y las redes de producción mundiales son importantes y repercuten en la eficacia de la APC. El segundo es que la APC no se puede contemplar fuera del nuevo contexto económico, en el que se hace uso de otros flujos de capital. Esto último se podría denominar 'la tercera generación de APC'.

Inicialmente, la APC se creó como una transferencia de recursos para compensar la erosión de las preferencias comerciales, debido a la liberalización del comercio multilateral, según la declaración de Hong Kong de 2005. Desde entonces, la APC se ha desviado de su objetivo inicial, y muchos expertos en comercio y desarrollo han empezado a ver la APC como un simple flujo de ayuda. En el futuro, seremos testigos de un nuevo cambio: se espera que la tercera generación de APC contribuya a vincular la financiación de las inversiones con las oportunidades de comercio e inversión. La Novena Conferencia Ministerial de la OMC, que se celebrará en Bali (Indonesia), en diciembre de 2013, tendrá que reconocer este nuevo contexto para que la APC siga siendo relevante y eficaz en el futuro.

Las últimas opiniones vertidas por los expertos en comercio subrayan la importancia de las cadenas de valor. Cada vez con más frecuencia, los PED participan en las cadenas de valor mundiales; por ejemplo, de informática, alimentos, ropa u horticultura, donde, a menudo, los bienes tienen que importarse antes de ser procesados y exportados. Esto confirma la idea de que proteger las importaciones es contraproducente porque obstaculiza el desarrollo de la capacidad productiva local. Además, demuestra la importancia de construir infraestructuras que contribuyan al desarrollo de la cadena de valor, lo que a su vez facilita el comercio en los mercados globales. Otra cuestión esencial es que, dentro de las cadenas de valor, el comercio depende de la identificación de un nicho apropiado y de una buena comunicación entre las compañías de la cadena. Por tanto, encontrar el marco institucional adecuado para una política industrial eficaz resulta más importante que nunca. La APC puede crear oportunidades para que las PYME participen en las cadenas de valor, y se centren en las políticas destinadas a la resolución de problemas en vez de en las reglas de comercio generales, puesto que las primeras serán más eficaces para lograr buenas relaciones entre los Estados y las empresas.

La APC también debe adaptarse a los rápidos cambios del flujo de financiación internacional destinada a los PED. Ha contribuido a mantener una inversión en ayuda significativa (ver figura), y ahora representa un tercio del gasto oficial de ayuda al desarrollo, principalmente debido al aumento de inversiones en infraestructura. Con todo, desde 2011, los fondos destinados a la APC ($EE.UU. 33.000 millones anuales en la actualidad) han descendido: una bajada que también se registró en 2012. Si bien las perspectivas de ayuda por parte de los países pertenecientes a la OCDE comienzan a tambalearse, la ayuda procedente de otras regiones parece ser mucho más prometedora.

Cuando los países crecen y experimentan cambios estructurales, dependen menos de la ayuda externa y más de otros flujos de capital (además de las fuentes nacionales). De ahí que la cuestión principal sea la siguiente: ¿cómo puede la APC aprovechar otros flujos de trabajo para el desarrollo de capacidades, especialmente cuando los flujos de ayuda están bajo presión? Por ejemplo, la proporción de ayuda en el PIB de Camboya pasó de un 11,2% en 2000 a un 6,9% en 2010, mientras que el porcentaje de IED en el PIB aumentó de un 4,1% en 2000 a un 7% en 2010. De la misma manera, la proporción de ayuda en el PIB de Viet Nam descendió de un 5,5% en 2000 a un 2,9% en 2010, y el porcentaje de IED en el PIB aumentó de un 4,2% en 2000 a un 7,5% en 2010. Camboya está realizando grandes esfuerzos para dejar de pensar que con la ayuda basta, y está ampliando sus horizontes hacia un contexto de inversión en el que la ayuda desempeña un papel catalizador. Tanto en Viet Nam como en Camboya, las instituciones están empezando a asumir el papel de atraer y utilizar capital internacional.

En África, Rwanda ha recibido una APC valorada en cerca de $EE.UU. 200 millones anuales durante los últimos cinco años. No obstante, cada vez se otorga más importancia a otros flujos de capital. Por ejemplo, en los últimos cinco años, la IED se mantuvo a $EE.UU. 75 millones anuales, las remesas fueron de $EE.UU. 100 millones cada año y, además, un bono emitido recientemente para la financiación de infraestructura aportó $EE.UU. 400 millones. Con todo, los flujos económicos en materia de APC crecen cada vez más.

Ello demuestra que debemos pasar de la APC a la inversión para el comercio, la cual permite que un país pueda combinar flujos de inversión para desarrollar capacidad comercial. Ghana y Nigeria han sido los últimos países de África Subsahariana en emitir bonos. De hecho, en los últimos cinco años, 11 países África Subsahariana han logrado más de $EE.UU. 10.000 millones gracias a los Eurobonos, lo que equivale a un cuarto de los fondos para la APC en la región durante el mismo periodo. Además, a lo largo de los dos últimos años, 15 países africanos (especialmente aquellos ricos en recursos naturales) han establecido (o han pensado en hacerlo) un fondo estatal. La APC debe tener todo ello en cuenta a la hora de definir su papel en el futuro de forma eficaz.

El paso de la APC a la inversión para el comercio tiene repercusiones en términos políticos y de investigación. Los expertos están acostumbrados a estudiar el impacto de los flujos de ayuda de forma individual; ahora, la APC forma parte de un nuevo programa en el que se contemplan también otros flujos; por ello, conviene examinar cómo otras inversiones pueden contribuir a crear capacidades comerciales, así como determinar hasta qué punto es eficaz la APC para aprovechar esos otros flujos.

El Instituto para el Desarrollo de Ultramar ha llevado a cabo un estudio estadístico acerca de las instituciones de financiación para el desarrollo, a fin de saber qué porcentaje aprovechan de las inversiones adicionales, además de cómo sus inversiones pueden contribuir a realizar cambios estructurales y generar empleo. Desde un punto de vista político, foros como el G20 deberían poner en relación la IED y una transformación estructural, a fin de garantizar una interacción adecuada entre las áreas del G20 (p.ej., economía e inversión) y el desarrollo. La OMC debería igualmente desempeñar un papel esencial en este clima económico internacional tan cambiante.

La nueva generación de APC tiene que asumir nuevos papeles para complementar la formulación de políticas comerciales y cubrir un nicho en la arquitectura económica de desarrollo internacional. Si esto ocurre, los PED podrán alcanzar sus objetivos de desarrollo en el futuro.

Fuente del estudio y los datos presentados: Razzaque, M.A. y D.W. te Velde (2013), Assessing Aid for Trade: Effectiveness, Current Issues and Future Directions, capítulo 16. Disponible en: publications.thecommonwealth.org/assessing-aid-for-trade-1000-p.aspx (en inglés).