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Hacia el crecimiento inclusivo: un nuevo modelo de capitalismo

29 marzo 2012
ITC Noticias

Los ciudadanos de todo el mundo perdieron confianza en el denominado ‘capitalismo trimestral’ que exige que la gestión empresarial se rija exclusivamente por el valor a corto plazo para los accionistas. En Unilever, la experiencia enseña que la empresa forma parte de la sociedad y, por ende, no solo tiene la obligación de ofrecer una buena rentabilidad a sus accionistas, sino también de contribuir al bienestar social y ambiental de los países donde opera. Ese proceder puede abrir nuevos mercados, dar lugar a nuevos productos e impulsar el crecimiento.

Aunque todavía queda mucho por hacer, ese tipo de gestión también puede incidir positivamente en el desarrollo socioeconómico y da a entender que existe una nueva forma de capitalismo centrada en el largo plazo, en la que se considera que las empresas no están al margen, sino que forman parte de la sociedad y se proponen abordar las grandes cuestiones sociales y ambientales que afronta la humanidad, y en la cual, las necesidades de ciudadanos y comunidades tienen el mismo peso que las demandas de los accionistas.

Apoyo al cambio

Los productos de Unilever se venden en casi todos los países, incluidos algunos de los más pobres, están presentes en la mitad de los hogares del planeta y cada día 2.000 millones de consumidores usan algún producto de Unilever. Esa distribución de enorme alcance dota a la empresa de la capacidad de incidir en cambios a gran escala.

Citemos como ejemplo la higiene. Los expertos en salud pública concuerdan en que una de las intervenciones más eficaces consiste en enseñar a lavarse las manos en momentos claves: antes de comer, después de ir al baño, etc. La principal estrategia de marketing del jabón Lifebuoy de Unilever es una campaña para enseñar precisamente eso a madres e hijos. Cuando se experimentó en un ensayo clínico en Mumbai, India, los resultados revelaron que la incidencia de diarrea era 25% inferior en quienes habían sabido del programa de cambio de comportamiento Lifebuoy y la cantidad de días de ausentismo escolar por enfermedad mucho más baja que en el grupo de control.

Hoy en día, la campaña se está extendiendo por África y Asia meridional. Cuando se lleva a cabo correctamente los resultados son triples: el consumidor comienza a disfrutar los beneficios de la higiene básica, la sociedad se beneficia por la reducción de costos de salud y Unilever obtiene más ganancias al vender más jabón.

Otro ejemplo es el purificador de agua Pureit con el que Unilever entró recientemente en ese mercado. Las poblaciones aumentan y la disponibilidad de agua per cápita disminuye, por lo cual, la calidad se resiente, lo que crea la necesidad de disponer de sistemas simples y baratos de purificación del agua. Pureit lo hace, ya que potabiliza agua incluso de fuentes muy contaminadas, y por un precio inferior a lo que cuesta hervir el agua y hasta 15 veces más barato que el agua embotellada. El producto ya se lanzó con éxito en la India y ahora se abre camino en otros mercados como los de Bangladesh, Brasil, Indonesia y México.

Productos como estos tienen un impacto positivo en los indicadores sociales y de salud, pero es en la agricultura donde Unilever tiene el mayor efecto en el medio ambiente.

Agricultura global

Unilever cuenta con una amplia presencia en la agricultura global, pues vende 12% de la producción mundial de té negro, 3% de aquella de tomates y 3% de la de aceite de palma, así como grandes cantidades de cebollas, aceite de soja y aceite de colza. La empresa trabaja con minifundistas y grandes agricultores de escala industrial.

En lo que respecta al medio ambiente y la biodiversidad, el abastecimiento agrícola de Unilever puede incidir positivamente en tres ámbitos. El primero es el uso de la tierra y, al respecto, es preciso garantizar que los proveedores de grandes volúmenes de productos básicos, como la soja y la palma, no aumenten la producción en detrimento de las selvas tropicales.

En un esfuerzo por abordar el problema de la deforestación, Unilever contribuyó a la fundación de la Mesa Redonda sobre el Aceite de Palma Sostenible y la Mesa Redonda de Soja Responsable. En 2011, la empresa extrajo más de 800.000 toneladas de aceite de palma de fuentes certificadas sostenibles y puso en marcha una iniciativa similar con la soja. Además, junto con pares industriales, está empezando a transformar los mercados de esos productos básicos y enlentecer el ritmo de la deforestación tropical.

El segundo es imponer prácticas de agricultura sostenible a sus proveedores del mundo entero. El Código de Agricultura Sostenible de la empresa, elaborado en los 15 últimos años, estipula la adhesión de esos proveedores y abarca una infinidad de cuestiones que van del riesgo al uso de pesticidas y fertilizantes, pasando por la calidad del suelo y la pérdida de biodiversidad. Cuando se aplica correctamente, mejora el rendimiento y reduce el impacto ambiental.

Por último, el abastecimiento agrícola de Unilever puede surtir un efecto positivo en el desarrollo económico mediante el quehacer de la empresa con minifundistas. Según Oxfam, hay más de 500 millones de minifundios y mejorar la suerte de sus dueños es uno de los medios más efectivos de mitigar la pobreza.

De una u otra forma, Unilever está en contacto con más de un millón de minifundistas. A veces, como en el caso del té de Kenya, pudo dirigirse directamente a los agricultores para mejorar su productividad, lo que hizo junto con la Asociación de Desarrollo del Té de Kenya y el Departamento Británico para el Desarrollo Internacional (DFID por su sigla en inglés).

En la India, Unilever tuvo un impacto aún mayor en los medios de subsistencia, al vincular a pequeños productores de pepinillos con la cadena mundial de suministro; por un lado, lo hizo impartiendo formación a los agricultores y ayudándoles en cuestiones como la selección de semillas y el riego por goteo y, por el otro, dándoles acceso a un gran mercado.

Cada uno de esos ejemplos muestra que las empresas pueden aportar beneficios sociales y ambientales a las comunidades donde operan; en muchos casos, esos beneficios se consiguen en asociación con organizaciones no gubernamentales y, en otros, con financiación de organismos como el DFID y la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional.

Asimismo, ilustran el postulado que sustenta el Plan de Vida Sostenible de Unilever, estrategia de 10 años para lograr que la empresa duplique de tamaño sin aumentar su impacto global en el medio ambiente. Los tres objetivos principales de dicho plan son: ayudar a 500 millones de personas a tomar medidas para mejorar su salud y su bienestar, reducir a la mitad la huella ambiental de los productos de Unilever y alcanzar el 100% de aprovisionamiento sostenible de materias primas agrícolas. Esos objetivos generales se completan con más de 50 metas cuantitativas en plazos determinados que van del uso de energía renovable en las factorías a la cantidad de sal, azúcar y grasa de los productos.

En sus 120 años de historia, Unilever aprendió que una empresa basada en esos conceptos puede tener una repercusión positiva e inclusiva en el desarrollo y el comercio que, a su vez, puede contribuir a recobrar la confianza de la sociedad, al demostrar que una empresa no solo sirve para ganar dinero y también puede ser de utilidad social.