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En ocasiones, los negocios obligan a David y Goliath a darse la mano

20 noviembre 2015
ITC Noticias
por Carmen Castillo, presidenta y primera ejecutiva de SDI International Corp

La competencia ha sido el motor que impulsa el negocio y las cadenas de suministro desde la creación de estos dos últimos. Incluso en la época en la que la gente intercambiaba bienes y hacia trueques a cambio de servicios —y miles de años antes de que se acuñara el término "cadena de suministro"— la competencia ya era una fuerza motora.

Cuando la competición desempeña un papel tan fundamental en el reino de los negocios, uno puede llegar a subestimar a los jugadores más pequeños. ¿Cómo puede competir un hotel regional con gigantes de la hospitalidad como Marriott y Hilton? ¿Cómo enfrentarse a Walmart un minorista pequeño o mediano?

Es cierto: a veces a los jugadores más pequeños les cuesta emerger de la sombra de sus competidores. No cabe duda de que los titanes como Amazon han demostrado ser adversarios implacables con las tiendas locales.

No obstante, eso no significa que las pymes no sean una fuerza que merezca reconocimiento —o con las que se pueda formar equipo—. Si bien puede que no cuenten con el gran capital o renombre de las grandes empresas, tienen otras habilidades: se adaptan con facilidad, son sagaces y pueden implementar cambios en el momento requerido. También tienen afán por crecer y, al no poder permitirse perder clientes, son sumamente leales.

A menudo, estas características superan la torpe burocracia y el lento ritmo de los gigantes. Como prueba podemos citar el mundo de los pagos y las transacciones en línea. Nos encontramos ante una situación que no ha hecho más que crecer durante las últimas décadas, y que todavía se las arregla para cambiar y expandirse con rapidez. Los pagos en línea con tarjetas de crédito han sido sustituidos por servicios y aplicaciones como PayPal y Venmo. Hemos llegado a un punto en el que la divisa a las que estamos acostumbrados (dólares, euros, libras y yenes) se está volviendo demodé: lo que se lleva ahora es Bitcoin.

En medio de este tumultuoso panorama de pagos, los más pequeños cuentan con una clara ventaja. Las empresas de menor tamaño, y en especial las emergentes del sector tecnológico con sede en el colorido e innovador Silicon Valley, no han tardado en aceptar pagos con Bitcoin. No se puede decir lo mismo de los gigantes de la industria. Incluso las campañas presidenciales (esos proyectos colosales que requieren cientos de millones de dólares para llevarse a cabo) han tardado en adaptarse. Rand Paul es el primer candidato que acepta donaciones mediante Bitcoin.

El uso de esta criptodivisa no es más que un ejemplo de prácticas innovadoras. Es probable que las empresas pequeñas tengan ventaja a la hora de presentar nuevos diseños o productos. Al contar con equipos reducidos y dinámicos que están interconectados a nivel global y tienen menos burocracia y escalones jerárquicos, posiblemente estén en mejores condiciones para introducir nuevos conceptos en el mercado. Incluso la mínima gestión de cambio puede avanzar con lentitud.

Combinación de fuerzas En el mundo de la externacionalización del proceso de cadena de suministro, no es necesario que exista esta lucha entre grandes y pequeños. De hecho, ambos pueden formar una unión para complementarse.

Los Marriott y los Walmart de todo el mundo tienen sus propias funciones esenciales, y las desempeñan maravillosamente bien: alojando a huéspedes en cada rincón del planeta y vendiendo una gran variedad de bienes. ¿Por qué habrían de centrar sus energías en adaptar o rediseñar reiteradamente una cantidad indescriptible de procesos corporativos? Sin lugar a dudas, por motivos de eficiencia, pero ¿deberían hacerlo?

Tomemos como ejemplo SDI, una empresa mediana que se dedica a la internacionalización de los procesos de cadena de suministro y trabaja con compañías de la lista Fortune 500. SDI colabora con distintas empresas y realiza tareas que carecen de una importancia decisiva para el desarrollo de las firmas de mayor tamaño. Estas tareas incluyen, por ejemplo, la gestión de contratistas independientes y gastos corporativos no estratégicos (etapa final). A menudo, las compañías carecen del tiempo, recursos y competencia necesarios para llevar a cabo procesos secundarios de manera eficiente. De ahí que recurran a un socio capacitado para ello. Las pymes, a través de una gran habilidad innovadora, un trato más cercano con los clientes y un abanico de destrezas en continua evolución, como el análisis de datos y el modelado visual, mantienen a sus mayores rivales en alerta y son los asociados con los que merece la pena formar equipo.

SDI, o empresas de externacionalización igual de competentes, puede resultar especialmente relevante durante los momentos difíciles, como cuando hay una restricción en los productos y servicios, que puede incluir el cierre de plantas, cambios en los aranceles o la escasez de suministros. Sin mencionar la capacidad para ofrecer una atención al cliente más personalizada.

De hecho, cada vez son más frecuentes (se están convirtiendo en norma) los casos de grandes empresas que colaboran con compañías globales más pequeñas. El Huffington Post (2015) aseguraba en una publicación reciente: "Como empresarios, líderes, dueños de organizaciones grandes y pequeñas, para tener éxito en el nuevo mundo necesitamos un nuevo sistema operativo; uno que nos permita pasar de una forma "competitiva" de hacer negocios a un ámbito de trabajo "colaborativo"". ¿Quién iba a pensar que la NASA llegaría a un acuerdo plurianual con la compañía danesa Lego? Desde el principio, el propósito de la asociación ha sido alentar a los niños a cursar asignaturas relacionadas con los campos de la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas (CTIM).

Finalmente, la competitividad y la colaboración ofrecen al mercado una poderosa combinación. Puede que las pymes emergentes y las ya consolidadas aporten flexibilidad, independencia y quizá incluso un mayor deseo de crecimiento, pero cuando se unen con sus experimentados homólogos de mayor tamaño, el mercado global ofrece un despliegue de productos y servicios de calidad.

Este artículo forma parte del informe Perspectivas de competitividad de las pymes 2015 del ITC.