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El comercio y los desafíos del desarrollo sostenible

3 julio 2013
ITC Noticias
La transición hacia un futuro bajo en carbono como parte integral del cambio en pro de una economía sostenible, eficaz y verde

El mundo va de camino hacia un nuevo marco integral para un desarrollo sostenible: un conjunto de nuevos objetivos de desarrollo sostenible, acordados en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible (Rio+20) en junio de 2012. El acuerdo se basa en una visión que se recoge en el lema 'El futuro que queremos'. Su viabilidad implica la consecución de un nivel de vida mayor para las personas, gracias a la reducción de la pobreza, pero sin comprometer los sistemas vitales de la Tierra. Para conseguirlo, se debe fundamentar en los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que se deben alcanzar antes de 2015. No obstante, la visión de desarrollo sostenible posterior a 2015 también debe ofrecer resultados en áreas fundamentales como el clima, la biodiversidad marina y terrestre, el nitrógeno y los ciclos del fósforo, el ozono estratosférico, el agua limpia, la tierra productiva y fértil, el control de la contaminación química, la acidificación del océano y la carga excesiva de aerosoles atmosféricos.

A fin de responder eficazmente a tal reto, este mundo interdependiente necesita comprender a la perfección el papel que el comercio desempeña como conector y facilitador de la economía mundial y del desarrollo sostenible de las naciones. La integración en los mercados mundiales a través de las cadenas de valor no es suficiente para estimular nuevas oportunidades de desarrollo. Para que el comercio dé lugar a una cierta equidad y sostenibilidad, es necesario combinar políticas nacionales y marcos internacionales que contemplen conjuntamente el crecimiento económico, el bienestar social y la sostenibilidad medioambiental.

Esto puede parecer abrumador, pero, de hecho, el mundo ya ha comenzado a desarrollar el marco regulador y los conocimientos científicos necesarios para hacerlo posible. En la actualidad, se están llevando a cabo numerosos esfuerzos para hacer frente a retos medioambientales, así como para lograr cadenas de valor más eficaces y sostenibles en cuanto a los recursos, tanto en la agricultura, como en la fabricación de bienes de consumo y los productos derivados de recursos naturales. Se trata de buenas noticias, pero todavía insuficientes: para mejorar dichos esfuerzos, se deben establecer prioridades. Tal y como el analista económico principal del Financial Times Martin Wolf afirmó el 14 de mayo de 2013: 'Dejar como legado un planeta en pleno caos climático resulta muy preocupante. La gente ya no tiene a dónde ir y ya no hay forma de restablecer el sistema climático del planeta. Si debemos adoptar una perspectiva prudencial con respecto a la economía pública, también deberíamos hacerlo con respecto a algo irreversible y más costoso.'

En efecto, estamos acercándonos a lo irreversible. En mayo de 2013, por primera vez en aproximadamente cinco millones de años, la concentración de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera superó el umbral de 400 partes por millón (ppm), el valor normal y global de la concentración media de dióxido de carbono en la atmósfera terrestre, según estudios científicos. Esto debería ser una llamada de atención para todos. Cualquier debate acerca de marcos políticos para la economía mundial, ya sean sobre inversión o comercio, debería contemplar la consecución de una economía próspera y baja en carbono como su prioridad. Para ello, se debe hacer frente a la gran fuente de emisiones de gases de efecto invernadero (el suministro de energía), sobre todo porque ésta es el motor principal de la actividad económica en el mundo.

Crecimiento y desarrollo a través de la energía

Atenuar el cambio climático representa un reto enorme, debido a los altos niveles de uso de energía de combustibles fósiles per cápita en los países de la OCDE. Este reto resulta todavía más intimidante cuando se tiene en cuenta, asimismo, la creciente demanda de energía a nivel mundial, motivada por el aumento de la riqueza y el cambio de los patrones de consumo en las economías en desarrollo que están creciendo más rápido, tales como China y la India. Además, el mundo debe enfrentarse al imperativo de facilitar el acceso a la energía a millones de personas en las zonas más pobres del mundo, especialmente en África y Asia Meridional, a fin de satisfacer las necesidades de supervivencia básicas, como la cocina y la iluminación.

Hacer frente a dichas necesidades sin que haya efectos negativos para el clima supone pasar de los combustibles fósiles a fuentes de energía limpia. Por otro lado, también es necesario ser más eficaz en el uso de los combustibles fósiles. En la actualidad, la quema de combustibles fósiles representa un 90% de las emisiones de CO2 (exceptuando los incendios forestales y la utilización de leña como combustible).

El informe sobre las Tendencias en las Emisiones Mundiales de CO2 2012, de la Agencia de Evaluación Ambiental de los Países Bajos, muestra que, en 2011, la demanda mundial de energía creció en cerca de un 2,5%, en consonancia con la tasa de crecimiento medio de la última década. El consumo de combustibles fósiles como el petróleo, el carbón y el gas natural sigue en aumento; en 2011, el consumo de petróleo creció un 2,9%; el carbón, un 5,4%; y el gas natural, un 2,2%. En particular, tan solo el consumo de carbón representó el 30,3% del consumo de energía mundial; el porcentaje más alto desde 1969. Aun cuando las inversiones en energías renovables han experimentado un rápido crecimiento a lo largo de los años, siguen representando una pequeña proporción de todo el conjunto de energías. Bloomberg New Energy Finance, que sigue de cerca las inversiones en el sector, sostiene que la energía renovable ha vivido un momento difícil en términos de crecimiento debido a una combinación de diversos factores, como una competitividad agresiva y la consolidación típicas de cualquier industria nueva, la superproducción, las tensiones del mercado y los cambios políticos; todo ello sumado a que todo se produjo en el momento en el que la extracción de gas y petróleo no convencionales estaba en pleno auge. Con todo, se espera que, para 2030, hasta un 70% de la capacidad energética proceda de energías renovables.

Para estabilizar el aumento de las temperaturas para 2020, es necesario reducir las emisiones. Los últimos estudios del Informe sobre la Brecha de Emisiones del PNUMA indican una brecha equivalente a entre 5 y 9 gigatoneladas de CO2 (GtCO2e) que se sitúa entre las ambiciosas promesas de reducción de las emisiones y los objetivos establecidos por los científicos.

El gráfico (abajo) ilustra el potencial para salvar esta brecha a través de la reducción de emisiones en varios sectores relacionados con la actividad económica y el comercio. Resulta obvio, pues, que es fundamental reemplazar fuentes de energía con un alto nivel de emisiones de carbono por otras bajas en carbono en los siguientes sectores: electricidad, industria, transporte, residuos y construcción.

El comercio en una economía baja en carbono

La transición hacia un futuro bajo en carbono va a suponer la creación de una arquitectura estratégica para las políticas y los marcos reguladores nacionales e internacionales. Ello influirá en los precios, la asignación de recursos a nivel público y privado, y las decisiones de consumo. Por un lado, motivarán la innovación en materia de energía limpia y tecnologías que hagan un uso eficaz de la misma, así como su utilización; y por otro, desincentivarán el uso de combustibles fósiles. Contar con un marco regulador óptimo implicaría realizar reformas en los subsidios para combustibles fósiles, las cuales representan un gran gasto que reduce, de forma artificial, el precio del carbón, el queroseno y la gasolina, y por ende, suponen una desventaja para las fuentes de energía más limpia, como la solar o la eólica. Las cifras de la OCDE y la Iniciativa Mundial sobre las Subvenciones (GSI) indican que, a día de hoy, los subsidios para combustibles fósiles, que frenan las posibilidades de reforma, siguen siendo equivalentes a $EE.UU. 600.000 millones al año: el triple de lo que se destina a soluciones basadas en energía limpia.

Las políticas comerciales y los marcos reguladores desempeñarán un papel esencial en todas las políticas y los marcos en pro de la mitigación del cambio climático. Por un lado, la energía tiene un valor significativo en sí misma. Si se comercializa al igual que otros bienes y servicios, la energía es fundamental para la agricultura y para la industria. Cuando las políticas comerciales traspasan barreras, pueden tanto suponer obstáculos para los bienes, servicios y tecnologías derivados de energías limpias, como actuar de promotoras de los mismos. Los bienes basados en energía limpia (por ejemplo, los componentes de las torres eólicas o las instalaciones solares) se producen, cada vez con más frecuencia, siguiendo procedimientos complejos para tareas, servicios, bienes intermedios, inversiones y propiedad intelectual de compañías situadas en varias jurisdicciones y organizadas en torno a cadenas de valor mundiales y regionales. Hacer frente a los obstáculos al comercio, que abarcan desde aranceles hasta normas, pasando por políticas transfronterizas (por ejemplo, subsidios y requisitos relacionados con el contenido local) permitiría a las empresas optimizar sus cadenas de valor mundiales de forma más rentable; ello contribuiría, además, a incentivar la utilización de energía limpia a nivel mundial.

Contar con normas comerciales transparentes y elaboradas adecuadamente (en particular, normas multilaterales incluidas en los acuerdos de la OMC) ofrecería, asimismo, un mayor margen de predicción para los actores privados del sector de la energía limpia y, por ende, potenciaría las inversiones. Esto último es algo fundamental, pues de todos es sabido que la mayoría de los recursos y las inversiones necesarios para facilitar la transición hacia un futuro basado en energía limpia tendrán que provenir del mercado. Establecer normas de comercio más claras también permitirá que los gobiernos puedan determinar sus límites de actuación con respecto a varios frentes políticos, a fin de impulsar el uso de energía limpia. Estas políticas pueden presentarse como respuesta al cambio climático, así como para lograr otros objetivos económicos nacionales, tales como garantizar el crecimiento económico, aumentar la competitividad, potenciar el desarrollo industrial, crear empleo y mejorar la seguridad energética. En ocasiones, dichos objetivos compiten con la necesidad (y a menudo la obligación) de que los acuerdos comerciales ofrezcan un acceso no discriminatorio a la importación de tecnología basada en energía limpia de asociados comerciales del país.

Por otro lado, la falta de claridad en las normas comerciales podría dar lugar a tensiones entre las políticas sobre energía limpia de un determinado país y las obligaciones legislativas comerciales. Dicha falta de claridad también puede causar tensiones comerciales entre los países, como se ve en los casos presentados ante el Órgano de Solución de Diferencias de la OMC. Algunos ejemplos incluyen: el caso de Ontario sobre las tarifas reguladas (el Canadá frente al Japón y la Unión Europea (UE)); la demanda de China contra los incentivos sobre el contenido local procedente de energía solar fotovoltaica y otras medidas relacionadas en la UE; y la demanda de los Estados Unidos de América contra las medidas sobre contenido local de la India en el sector de la energía solar fotovoltaica. Las tensiones comerciales también han dado lugar a iniciar o considerar medidas compensatorias y antidumping a nivel nacional; por ejemplo, por parte de los Estados Unidos y la UE contra los paneles solares chinos, y por parte de China para la importación de polisilicio de la UE.

Desde el punto de vista de la OMC, el sistema multilateral de comercio podría desempeñar una función de apoyo mayor a la hora de facilitar la adopción de tecnologías basadas en energía limpia de tres maneras diferentes:

  • Haciendo frente a las medidas que restringen el comercio de bienes y servicios necesarios para el suministro de energía limpia, teniendo en cuenta las cuestiones de desarrollo más importantes.
  • Consiguiendo una mayor transparencia en cuanto a las medidas y las políticas destinadas a promover la energía limpia, pero que también podrían limitar el comercio.
  • Mejorando la claridad de las normas comerciales que puedan afectar a la expansión del uso de tecnologías basadas en energía limpia; y explorando la necesidad de crear nuevas normas y provisiones a través de negociaciones bilaterales, plurilaterales y en el seno de la OMC, con el objetivo de garantizar un mayor nivel de predicción para los formuladores de políticas y el sector privado, y reducir potenciales disputas comerciales.

Los instrumentos y los marcos políticos deberían hacer referencia a los aranceles aduaneros, los incentivos y subsidios sobre energía limpia, los requisitos del contenido local, el comercio de servicios, las políticas de contratación gubernamentales, y las normas y la certificación del equipo de energía limpia.

La transición hacia una próspera economía baja en carbono constituirá una parte integral del cambio global en pro de una economía verde, sostenible y eficaz en cuanto a los recursos. Una transformación de tal magnitud requiere una adaptación activa de las políticas relativas a todo tipo de actividad económica, desde la agricultura hasta la manufactura y los servicios. Para lograrlo, durante los últimos 20 años, se han creado y puesto en práctica esfuerzos e instrumentos políticos, tales como la introducción de cuotas, impuestos, normas, certificaciones e incentivos para lograr un cambio de actitud. Con todo, aun cuando lo conseguido hasta ahora todavía no es suficiente, programas de gran valor y altamente sofisticados como aquellos relacionados con el comercio justo, la pesca o la madera, siguen alcanzando un segmento importante (aunque modesto) de los mercados nacionales o mundiales. No obstante, en el futuro, las políticas de comercio sostenible tendrán que poder conseguir una transformación del mercado por completo.