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Discurso de la Directora Ejecutiva del ITC en la tercera Conferencia Internacional sobre las Especias

3 abril 2018
ITC Noticias
Discurso pronunciado por la Directora Ejecutiva del ITC, Arancha González, en la tercera Conferencia Internacional sobre las Especias
4 de febrero de 2018, Jaipur (India)

Señoras y señores,
Amigos:

Me complace estar aquí, en Jaipur, para inaugurar la cuarta Conferencia Internacional sobre las Especias.

Como directora de un organismo centrado en el comercio, no podría haber elegido un tema más apropiado. Porque las especias y el comercio han ido de la mano desde el momento en que ha habido personas que han salido de sus hogares para vender los productos elaborados por sus comunidades y han comprado lo que otros podían ofrecer a cambio.

Hay registros históricos que hablan del comercio entre los reinos indios y la antigua Roma. Las especias ocupaban un lugar destacado. En la literatura tamil de hace dos mil años hallamos referencias a navegantes que hablaban griego y llegaban a la costa de Malabar y pagaban con oro por la pimienta negra que se llevaban a casa.

Más de mil años después, la pimienta, la canela, el clavo y la nuez moscada figuraban entre los productos más codiciados de Europa. En palabras de un autor: «Sus fuentes y líneas de suministro trasladaban riqueza o pobreza a las naciones; las especias eran tan esenciales como lo son el petróleo o el litio en el siglo XXI».

Por mar y por tierra, las especias eran transportadas desde sus lugares de origen en la India, Sri Lanka e Indonesia. Los comerciantes árabes las llevaban a las puertas del Mediterráneo. Los mercaderes venecianos y genoveses daban el último paso, comprando las especias en Alejandría, El Cairo y Tiro y vendiéndolas a los europeos dispuestos a pagar altos márgenes por los sabores, las propiedades medicinales y el estatus social que brindaban las especias exóticas.

El deseo por acabar con los distintos intermediarios —para controlar el comercio de especias y sus beneficios— fue uno de los principales motivos que llevaron a portugueses, neerlandeses e ingleses a obsesionarse cada vez más por hallar una ruta marítima hasta la India. El 20 de mayo de 1498, Vasco de Gama desembarcaba en Calicut. Poco tiempo después, la Compañía de las Indias Orientales inauguraba puestos comerciales entre Surat y Calcuta. Los indios conocen el desenlace de esta historia.

En la era del imperialismo, el aumento del comercio internacional coincidió con la divergencia económica. En los albores de la década de 1600, la India y China acaparaban una gran parte de la producción económica y manufacturera mundial. Para la década de 1950, esa participación era minúscula y los ingresos per cápita representaban sola una pequeña parte de los que predominaban en el industrializado Occidente.

Puesto que estamos hablando de especias, debo señalar que, desde un punto de vista culinario, el comercio durante esta era sí que vivió algunos destellos de esperanza. Plantas como los tomates, las patatas y los chiles llegaron a Eurasia y África procedentes de las Américas. Sin este denominado «intercambio Colombino», el famoso laal maas de Rajastán tendría un color totalmente distinto.

Entrando ya más en la esencia de nuestro debate de hoy, el comercio ha desempeñado una función muy diferente en los últimos 70 años. En la era de la independencia, el comercio se ha asociado a la convergencia económica.

Los países en desarrollo más activos en el comercio internacional son los que han registrado los mayores índices de crecimiento y desarrollo humano.

En las últimas décadas, China, la India y otros países en desarrollo han adoptado incentivos de mercado y fomentado el comercio internacional cada vez más. Con ello emulaban lo que hicieron el Japón, Corea, Taipéi Chino y partes del Sudeste de Asia después de la guerra. Los resultados han sido un crecimiento increíblemente rápido y una reducción de la pobreza sin precedentes.

¿Cómo funciona el crecimiento impulsado por el comercio? En los países en desarrollo, los sectores de bienes comercializables tienden a ser más productivos que el resto de la economía. El acceso a los mercados mundiales permite a los países utilizar la demanda exterior para lograr que las personas y los capitales pasen de los sectores de menor productividad, habitualmente la agricultura de subsistencia, a actividades más productivas. El resultado global es conseguir que la economía sea más productiva.

El modelo de desarrollo impulsado por el comercio es la ruta que ha resultado ser más eficaz a lo largo de la historia para salir de la pobreza. No obstante, se enfrenta a dos grandes retos.

El primero es la inclusión. No todo el mundo ha participado de los beneficios en materia de desarrollo de la generación anterior. Muchos países, en especial de África, siguen estando al margen de la economía mundial. Exportan, como mucho, materias primas no procesadas. Dentro de los países, son muchas las comunidades que no han sido partícipes del aumento de la prosperidad. En la India, los estados que comercian menos, entre ellos e internacionalmente, tienden a ser más pobres.

El segundo reto es más reciente. Los países de bajos ingresos han utilizado tradicionalmente la manufactura para generar empleo para los trabajadores no cualificados. Me vienen a la mente ejemplos como los de los agricultores vietnamitas o de Bangladesh cosiendo tejidos en las fábricas de prendas de vestir, o el de un trabajador migrante chino montando componentes en las cadenas de valor de la electrónica de consumo.

Hoy, sin embargo, máquinas cada vez más sofisticadas están automatizando empleos que solían realizar exclusivamente las personas. Al mermar las ventajas que ofrece la mano de obra de bajo costo, la automatización está cambiando los aspectos económicos de los lugares seleccionados por las empresas para situar sus operaciones. La nueva encuesta económica del Ministerio de Finanzas de la India advierte de que la India y otros países de incorporación tardía a la convergencia corren el riesgo de que «los recursos, especialmente la mano de obra, se desplacen de los sectores informales de baja productividad a otros sectores que son... tan solo ligeramente más productivos». Dicho de otro modo, el riesgo es que en lugar de pasar de empleos poco productivos en la agricultura a empleos altamente productivos y con altos salarios, las personas terminen desempeñando trabajos del sector servicios de baja productividad.

Para resolver el problema de la inclusión se requieren iniciativas más específicas que conecten a las empresas de los países y las comunidades marginados con los mercados internacionales. El ITC se creó precisamente para esto, y este sigue siendo el núcleo de nuestro trabajo.

La implicación del segundo reto es que, si bien la manufactura sigue siendo importante, los países deberían trabajar en el fomento de la adición de valor en todos los sectores, incluidos la agricultura y el sector de los servicios. La agricultura es especialmente relevante en este sentido, y volveré a ello en un momento.

Para responder a estos dos retos, las microempresas y las pequeñas y medianas empresas (mipymes) desempeñan un importante papel. Las mipymes son elementos críticos para determinar si mayores conexiones con las cadenas de valor internacionales, o una mayor adición de valor, se traducen en un crecimiento de los ingresos de base amplia. La razón es evidente: las mipymes representan la inmensa mayoría de los puestos de trabajo y de las empresas de todas las economías. Cuando las mipymes pueden agregar valor a sus bienes y servicios, volverse más competitivas y conectar con los mercados internacionales, mejoran los empleos y suben los salarios en los segmentos menos privilegiados de la mano de obra.

¿Por qué sostengo que la adición de valor en la agricultura es tan importante? Este sector sigue ocupando a prácticamente la mitad de la mano de obra de la India. Y, si bien los servicios sofisticados son un motor clave del crecimiento en la economía india, suelen exigir unos niveles educativos que solo alcanza un porcentaje muy reducido de la población. La adición de valor en el sector de la agricultura será fundamental para obtener mejoras a gran escala en los medios de vida de las personas. Si el aumento de los rendimientos agrícolas en las décadas de 1960 y 1970 ayudó a la India a ser autosuficiente, impulsar la sostenibilidad y la adición de valor en las próximas décadas será esencial para que la India erradique la pobreza extrema en consonancia con los Objetivos Mundiales de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas. Como me gusta decir, tenemos que lograr que la agricultura vuelva a «molar».

Las especias, al ser productos de alto valor, ofrecen un enorme potencial en este sentido. Las exportaciones de especias de la India están valoradas en unos 1 700 dólares por tonelada, por encima incluso de las semillas oleaginosas, para las que la cifra oscila entre los 1 000 y los 1 400 dólares. Las especias ya representan entre el 6 % y el 8 % de las exportaciones agrícolas de la India en términos de valor, pero se necesitan inversiones específicas para que los pequeños productores y procesadores puedan aprovechar todo el potencial del sector. Esto es especialmente cierto si se tiene en cuenta el entorno empresarial cambiante que constituye el núcleo del programa de la Conferencia Internacional sobre las Especias.

Las perturbaciones no son nada nuevo para los agricultores de especias, normalmente pequeños productores que han tenido que hacer frente desde siempre a la volatilidad de los precios y a las pérdidas de producción debido a enfermedades en las plantas y a fenómenos meteorológicos inesperados.

Pero el ritmo del cambio se está acelerando.

Gracias a la nueva tecnología de procesamiento —esterilizadores de vapor, equipos de envasado y molienda de precisión, etc. — es más fácil producir y comercializar especias de marca y procesadas de gran valor, así como oleorresinas. Al mismo tiempo, la tecnología permite que los agricultores estén más cerca de los mercados y los consumidores, y que capturen un mayor porcentaje del valor añadido reduciendo la intermediación. Pero la tecnología en las explotaciones sigue siendo relativamente básica, lo que limita las posibilidades de más ventas directas de especias de marca, bien envasadas y altamente procesadas.

Entretanto, los consumidores exigen unas normas de seguridad alimentaria más rigurosas en relación con los residuos de plaguicidas y las micotoxinas, tanto para las especias crudas como, y en especial, para las especias procesadas. La demanda de productos de calidad superior como las especias orgánicas ha creado oportunidades de mercados nicho, pero también acarrea costes en materia de cumplimiento para productores y procesadores.

El ITC aporta transparencia al sector agrícola desde hace años. Nuestras herramientas en línea, como Standards Map, arrojan luz sobre la gran cantidad de normas que tienen que cumplir ahora los futuros exportadores. Nuestras herramientas de sostenibilidad fomentan el cumplimiento y la trazabilidad entre productores, compradores y organizaciones relacionadas con las normas, reduciendo el coste del acceso a los mercados de gama alta. Más recientemente, hemos trabajado directamente con mipymes del sector de las especias de la India y África para hacer crecer sus ingresos y mejorar sus medios de vida mediante el incremento del comercio y la inversión.

El sector de las especias fue identificado como un sector con gran potencial para el proyecto Apoyo al Comercio y la Inversión de la India en África (SITA), una iniciativa financiada por el Reino Unido para fomentar la creación de vínculos comerciales y de inversión entre las mipymes de Asia Oriental y la India. Este proyecto ha conectado la experiencia de la India con productores de Etiopía y Rwanda con el objetivo de ampliar la producción y el procesamiento de especias en los dos países.

Para las empresas indias, estas asociaciones representan oportunidades de inversión y una base de proveedores más amplia, especialmente de especias sin plaguicidas. Para los productores etíopes y rwandeses, las asociaciones suponen capacitación agrónoma relacionada con el cultivo de nuevas variedades de plantas, junto con la construcción de instalaciones de procesamiento y la firma de acuerdos de recompra con compradores indios que fijaron los precios por adelantado, protegiendo a los agricultores de las oscilaciones de los mismos.

En Etiopía, el ITC ha impartido capacitación a los agricultores sobre cómo manejar mejor el jengibre y la cúrcuma después de la cosecha. En el pasado, las malas prácticas agrícolas habían llevado a una destrucción generalizada de los cultivos provocada por el marchitamiento del jengibre, una enfermedad de la planta, lo que afectó a los medios de vida de unos 80 000 agricultores. El equipo del proyecto SITA ha elaborado carteles y folletos con cómics en amhárico para ayudar a los agricultores a mejorar el manejo posterior a la cosecha, y ha catalizado el apoyo del Gobierno para abordar el problema del marchitamiento del jengibre.

En Rwanda, el proyecto se ha asociado con la Junta Nacional para el Desarrollo de las Exportaciones Agrícolas (NAEB) con el fin de introducir seis nuevas variedades de chiles. En un año, los agricultores participantes en el proyecto ampliaron la superficie de cultivo de 4 a 23 hectáreas. Se espera que esta aumente más de 4 veces durante la siguiente estación de crecimiento, hasta alcanzar los 100 acres.

Uno de los pequeños productores de Rwanda, Giscard, está con nosotros hoy aquí en Jaipur. Giscard cultivaba tomates, pero en ocasiones le resultaba imposible hacer frente a la caída de los precios del mercado local del que él dependía. En 2016, el ITC llevó a Akay Flavours, una empresa india, a Rwanda. Quedaron impresionados por las condiciones climáticas, el apoyo del Gobierno y la disponibilidad de la tierra, pero les resultaba difícil justificar una inversión en una planta de procesamiento allí con una producción anual por debajo del umbral de rentabilidad de 1 000 toneladas. El experimento de los chiles fue la solución «jugaad» del equipo del SITA para lograr que la producción de chiles alcanzara ese nivel por etapas.

Giscard no asiste a esta conferencia en calidad de cultivador de tomates, sino como exportador de chiles. Lidera a 23 pequeños agricultores que está previsto que generen unos ingresos superiores a 150 000 dólares al cierre de este ejercicio.

En los próximos años, aumentar el valor añadido a la producción agrícola será un factor esencial para el crecimiento de los ingresos derivados del trabajo tanto en la India como en África. Las inversiones específicas para ayudar a las mipymes a superar las asimetrías de la información sobre variedades de cultivos, prácticas agrícolas sostenibles y acceso a nuevos mercados pueden arrojar importantes beneficios en términos de medios de vida. Pueden mejorar los resultados medioambientales. Y pueden ser positivas para las redes de proveedores de las empresas más grandes y para sus cuentas de resultados. Las perturbaciones, si se aprovechan y se utilizan para empoderar a la base de la pirámide agrícola, pueden generar enormes avances económicos y sociales.

En el ITC estamos deseando trabajar con ustedes para obtener más resultados como estos, beneficiosos para todas las partes.

Muchas gracias.