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Después de 2015: abordar la desigualdad para sacar a más gente de la pobreza

15 septiembre 2014
ITC Noticias

Consideramos que el principal reto que afrontamos hoy en día es hacer de la globalización una fuerza positiva para todos.' Estas palabras de los Jefes de Estado quedaron consagradas en la Declaración del Milenio, adoptada de forma unánime en la Asamblea General de las Naciones Unidas en el año 2000.

La globalización y el desarrollo económico van de la mano. El hecho de que la comunidad internacional alcanzara la primera meta de los ODM cinco años antes de la fecha fijada para 2015 da fe de ello. Como parte del Objetivo 1, 'Erradicar la pobreza extrema y el hambre', la meta que se fijó en el año 2000 fue 'reducir a la mitad las tasas de pobreza extrema'. En 2010, la proporción de personas que vivían con menos de $EE.UU 1,25 al día era menos de la mitad que en 1990, lo que se traduce en 700 millones de personas. Este rápido desarrollo económico se debe en gran parte al comercio, que contribuyó a elevar los ingresos medios y redujo drásticamente las tasas de pobreza. Durante este periodo hemos vivido el auge de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) que han desempeñado un papel vital a la hora de elevar los índices mundiales de bienestar.

No es la primera vez que el comercio ha sido crucial para hacer frente a la pobreza: los ingresos de exportación fueron decisivos en el desarrollo sostenible de Asia Oriental y Europa en el siglo XX. La gran diferencia esta vez es la creciente concienciación sobre la desigualdad: entre países, mujeres y hombres, y entre aquellos que viven en zonas urbanas y rurales. Para reducir esta creciente desigualdad es necesario que el nuevo programa obtenga datos cuantitativos y cualitativos para que los análisis puedan medir mejor el progreso realizado y garantizar que la globalización se convierta en una fuerza real para todos.

LAS TRES 'ES' (entrepreneurship for employment and economic growth)

El crecimiento económico, aun siendo un objetivo valioso, no resuelve la necesidad inmediata de creación de empleo como una fuente de generación de ingresos. Por ello, el ITC se centra en mejorar la competitividad de las PYME. En los países desarrollados y en desarrollo, las PYME generan cerca del 80% de los puestos de trabajo. Examinar los obstáculos que frenan el éxito de las PYME hará posible que la comunidad internacional pueda afrontarlos de forma proactiva y fomente, así, la iniciativa empresarial, la creación de empleo y el crecimiento económico. Mientras que los ODM no hacían referencia a la iniciativa empresarial, existe un consenso cada vez mayor de que el crecimiento económico debe desempeñar una papel central en el nuevo conjunto de objetivos. El ITC, por ejemplo, aboga por un mayor enfoque en la competitividad de las PYME en el programa posterior a 2015, centrándose especialmente en las tres 'es': la iniciativa empresarial para la creación de empleo y el crecimiento económico.

MÁS PARTES INTERESADAS

El cambio en la conciencia sobre la contribución que el desarrollo económico realiza a la erradicación de la pobreza ha quedado reflejado en la lista de metas y objetivos propuestos redactada por el Grupo de Trabajo Abierto (GTA) de la Asamblea General para los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

En el programa posterior a 2015, el pilar de la justicia social, que era una parte fundamental de los ODM para alcanzar el desarrollo sostenible, se ha complementado con pilares paralelos de crecimiento económico y gestión medioambiental.

Aunque los Estados Miembros de las Naciones Unidas representados en el GTA fueron los que celebraron 13 sesiones para alcanzar los 17 objetivos y las 212 metas, se recibieron numerosas aportaciones de la sociedad civil y del sector privado. Además, otras 60 entidades de la ONU aportaron su ayuda constituyendo un equipo de asistencia técnica.

Como resultado, el nuevo programa tiene un alcance mucho más amplio, y sus objetivos y metas son 'de carácter mundial y de aplicación universal'. Esto es un gran avance con respecto a los ODM, donde los PED presentaban sus informes de progreso y los países desarrollados destacaban la ayuda que habían aportado. Lo que el marco posterior a 2015 propone son objetivos y metas aplicables universalmente, y que tanto los países en desarrollo como los desarrollados presenten informes. Esto permitiría que cada gobierno establezca sus propias metas guiado por el nivel de ambición mundial, pero teniendo en cuenta las circunstancias nacionales. Esta flexibilidad sugiere que los grupos comerciales, por ejemplo, harían bien en movilizar recursos para garantizar que los aspectos económicos queden bien integrados en las metas nacionales, así como en los planes para alcanzarlas, a fin de fortalecer la iniciativa empresarial para la creación de empleo y el crecimiento económico.

En cada etapa debemos cerrar el círculo y considerar el impacto que tiene sobre la pobreza. Sabemos que para poner fin a la pobreza, en todas sus formas en todo el mundo, el crecimiento económico no es suficiente. Debemos asegurarnos de que se aborde la desigualdad. En lo que al comercio se refiere, tenemos que ver más allá de los ingresos que genera la exportación y examinar quiénes son los verdaderos beneficiarios. Debemos mejorar nuestros indicadores para averiguar si se benefician los hombres o las mujeres y en qué parte de la cadena de valor ocurre. Una vez obtengamos estas respuestas podremos unificar dos asuntos prioritarios: que la globalización se convierta en una fuerza positiva para todos y que se utilice para erradicar la pobreza.