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Derribar barreras, levantar empresas

30 marzo 2012
ITC Noticias

El desarrollo como objetivo mundial para mejorar la situación económica de las personas comunes es un concepto relativamente nuevo que se plasmó por primera vez en la Carta de las Naciones Unidas: ‘La Organización promoverá niveles de vida más elevados, trabajo permanente para todos y condiciones de progreso y desarrollo económico y social.’ Cuando la Carta se firmó en junio de 1945, ¿qué se tenía en mente cuando se hablaba de desarrollo económico y social?

El concepto no estaba bien definido, pero con el paso del tiempo, al menos para economistas y formuladores de políticas, pasó a significar mejorar las posibilidades económicas mediante una mayor producción de bienes y servicios. La suposición implícita era que el crecimiento redundaría en niveles de vida más altos, una mayor longevidad, una reducción de las tasas de mortalidad y una mejor nutrición.

Entre 1950 y 2007, el PIB mundial per cápita aumentó a razón del 2,1% anual; aunque varió mucho de una región a otra, ese aumento se asoció con la notable evolución de tres indicadores clave del bienestar humano. En el período de 40 años que terminó en 2007:

 

• la mortalidad infantil pasó de 140 a 44 por 1.000 nacidos vivos,

• el promedio de la esperanza de vida al nacer de 43 a 66 años y

• el analfabetismo en adultos del 53% al 18%.

 

Igualmente impresionante fue la marcada disminución de la incidencia de la pobreza. Según datos de un exhaustivo estudio del Banco Mundial, entre 1990 y 2005, el porcentaje de la población mundial que vive en condiciones de pobreza extrema pasó de 42% a 25,2%. Aunque todavía 1.370 millones de personas viven en duras condiciones, el progreso y la tendencia son innegables. De ahí que muchos se preguntarán qué hacer para acelerar el crecimiento en todas partes, particularmente en África y Asia meridional, las dos regiones del mundo donde todavía hay gran cantidad de pobres.

Esas consideraciones dieron lugar a que economistas y formuladores de políticas procedieran a un minucioso reexamen de la importancia relativa de varios factores, políticas e instituciones en la creación de las condiciones necesarias para el crecimiento sostenible. Concretamente, se preguntaron cómo interactuaban esos factores, políticas e instituciones y en qué medida los países habían logrado identificarlos y adoptarlos. Para obtener variadas respuestas a esas preguntas, seis factores son de particular pertinencia.

 

1. La inclusión social, es decir, las disposiciones vigentes en materia de salud y educación que influyen en la capacidad de una persona de vivir mejor. Tal como señala Amartya Sen, Nobel de Economía, una vida saludable previene la morbilidad y la mortalidad prematura, y lo que es igualmente importante, la educación y una buena salud pública facilitan una participación más efectiva en la vida económica y política de un país. Por ejemplo, el analfabetismo puede ser un gran impedimento para participar en actividades económicas. Sin acceso a la educación y la información, la participación en el proceso político con toda probabilidad será vulnerable a las manipulaciones de demagogos como sucedió en varios rincones del mundo en estos últimos años.

2. La calidad de la gestión macroeconómica es crucial. Cuando los esfuerzos gubernamentales de gestión del entorno macroeconómico fracasan, ocurren muchas cosas; en primer lugar, socavan la credibilidad del gobierno en el sector privado y la sociedad civil. La efectividad de la política gubernamental está estrechamente relacionada con esa credibilidad, equivalente de capital político que no debería desperdiciarse nunca. Más allá de las cuestiones de credibilidad, la precariedad de la gestión de recursos públicos limita las opciones y reduce la capacidad del gobierno de responder a las necesidades más acuciantes como son la educación, la formación, la investigación y el desarrollo. De ahí que esos países queden a la saga del resto y que salir adelante, suponiendo que puedan hacerlo, les exija mayores esfuerzos y gastos de recursos de los que hubieran hecho falta con buenas políticas.

3. La transparencia y la rendición de cuentas revisten singular importancia. Las sociedades operan mejor con cierta presunción de confianza; apertura y libertad son necesarias para tratarse con una presunción de honestidad que apuntale las relaciones humanas. Eso es sumamente importante para prevenir la corrupción y los abusos financieros o de cualquier otra índole. La experiencia muestra que cuando hay confianza, particulares y empresas pagan los impuestos, lo que a su vez permite al gobierno formular políticas para lograr varios fines sociales. Cuando las sociedades ven los frutos de esos esfuerzos, crece la confianza en el gobierno y el país entra en un ‘ciclo virtuoso’ de desarrollo; huelga decir, que también pueden darse ‘ciclos viciosos’ con mayor frecuencia de lo que nadie está dispuesto a
recordar.

4.El rol de la tecnología y la innovación recibió particular atención en el desarrollo sostenible. A medida que los países progresan bastante en el establecimiento de marcos macroeconómicos estables, la atención se pone en otros motores de productividad y el papel de la tecnología y la innovación no cesa de cobrar importancia. La producción económica ya no es solo una función del capital y el trabajo, pues de más en más tiene que ver con el conocimiento y la adquisición del mismo.

Estas cuestiones son cruciales porque para explicar en gran medida la variación de la productividad de un país a otro se señalaron diferencias tecnológicas En estos últimos años, la importancia relativa de la adopción de tecnología y la innovación fue aumentando a medida que se generalizaba la difusión de conocimientos y el uso de tecnologías de la información y la comunicación (TIC). Por ejemplo, la fuerte productividad registrada en los Estados Unidos en los últimos 20 años se vinculó con la adopción generalizada de dichas tecnologías y también se registraron notables aumentos de productividad en sectores donde se hace un uso intensivo de TIC.

5. Las oportunidades económicas son las chances que tienen las personas de utilizar recursos económicos con fines de consumo, producción o intercambio. La libertad de entrar en los mercados puede ser un aporte significativo al desarrollo; de hecho, una parte considerable del progreso de la China y la India en los 20 últimos años refleja la reorientación de políticas que allanaron obstáculos a la entrada de bienes, mano de obra y mercados financieros.

6. La calidad de las normas que respaldan el entorno empresarial donde opera el sector privado también forma parte de la creación de un marco para el crecimiento sostenible. En muchos casos, gobernar se traduce en la emisión de licencias y permisos. De la cuna a la tumba, el ciudadano medio tiene que hacer tramites en dependencias gubernamentales y otras burocracias para obtener la partida de nacimiento o el pasaporte, pagar impuestos, abrir una empresa, conducir un coche, registrar una propiedad, participar en el comercio exterior, vender bienes o servicios al gobierno, contratar un trabajador, usar servicios de salud pública, pedir autorización para construir una casa, etc.

El informe Doing Business (DB) del Banco Mundial es un excelente compendio anual de las cargas y reformas de la regulación empresarial de 183 países. Para un gran número de empresas, el cuadro que pinta el informe dista de ser atractivo; por ejemplo, en Guinea Ecuatorial abrir una empresa comprende 21 procedimientos y, en término promedio, completarlos lleva unos 177 días. En Bangladesh, la ejecución de un contrato lleva 1.442 días y en Grecia 819. En Argentina, la solicitud de un permiso de construcción consta de 25 procedimientos y recibirlo lleva 365 días.

Los datos del informe muestran claramente la medida en que muchos países desalientan el desarrollo de la iniciativa empresarial en el respectivo sector privado. La paradoja del DB que hace pensar reside en que aquellos países que más necesitan desarrollar esa iniciativa y el sector privado suelen ser los que erigen mayores obstáculos a la creación de empresas o intervienen en formas que retrasan el surgimiento de las capacidades empresariales que son cruciales para establecer un entorno propicio a la innovación. No es sorprendente, entonces, que la prevalencia de la corrupción esté altamente relacionada con las incidencias del papeleo y la regulación excesiva. El coeficiente de regulación entre la clasificación de los países por el Índice de Percepción de la Corrupción elaborado por Transparencia Internacional y aquel del Banco Mundial que recoge el DB se aproxima a 0,80: a mayor burocracia y papeleo, mayor incidencia de la corrupción.

Los primeros resultados de casi una década de informes Doing Business y las reformas que tuvieron lugar en el marco de dicho proyecto son alentadores. El menor número de obstáculos a la puesta en marcha de empresas guarda relación con un sector informal más pequeño. La reducción del costo de la entrada al mercado alienta la iniciativa empresarial, mejora la productividad de las empresas y limita la corrupción. En los seis últimos años, en todas las regiones del mundo, hubo disminuciones sustanciales del plazo y el costo de la creación de empresas, así como de los plazos para transferir propiedades entre empresas locales, importar y exportar. En líneas generales, se fortalecieron las instituciones jurídicas que apuntalan la economía y abarcan cuestiones como los derechos de propiedad, la ejecución de contratos, la obtención de créditos y las soluciones a la insolvencia.

El desarrollo exitoso comprende una amplia gama de componentes interrelacionados, pero crear un mejor entorno regulador para el sector privado es de vital importancia. El proyecto Doing Business del Banco Mundial contribuye al logro de ese objetivo.