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Cómo actuar bien y dar esperanzas a través de la moda

11 marzo 2015
ITC Noticias
De Milán a Nueva York: la Iniciativa Moda Ética del ITC empodera a las mujeres artesanas en las comunidades pobres

En los últimos años, los principales diseñadores de moda de todo el mundo han centrado su atención en los países en desarrollo en busca de inspiración para sus colecciones, así como de productores locales con quienes trabajar. En la mayoría de los casos, se trata de un auténtico esfuerzo por apoyar y colaborar en la creación de capacidades y aptitudes de los artesanos de las comunidades en las que trabajan.

Desde sus inicios en 2009, la Iniciativa Moda Ética (IME o EFI, por sus siglas en inglés) del Centro de Comercio Internacional (ITC) ha sido pionera en este esfuerzo, conectando a artesanos de países en desarrollo con algunas de las empresas de moda más importantes del mundo. ¿Por qué? Porque esta colaboración, por un lado, proporciona a los artesanos —mayoritariamente mujeres— un trabajo que exalta sus aptitudes y les confiere dignidad. Por otro lado, permite que la industria de la moda fabrique de forma ética artículos de moda codiciados y de calidad.

Además, al incluir a las mujeres artesanas en la cadena de valor de la moda ofreciéndoles un empleo real, se las empodera para que tomen las riendas de sus propias vidas, tanto en términos económicos como en otros aspectos.

Aptitudes previas y aptitudes actuales La IME trabaja con artesanos de Burkina Faso, Etiopía, Ghana, Haití, Kenya y Malí. En cada uno de estos países, los perfiles de los artesanos con los que trabaja la IME son muy variados: algunos artesanos han heredado aptitudes de generaciones anteriores, otros las han adquirido trabajando directamente con la IME. En todos los países se ha instalado un centro desde el que gestionar los encargos que realizan las empresas de moda, coordinar la producción con microcomunidades de artesanos y llevar a cabo evaluaciones del impacto.

Más del 90 % de los artesanos que trabajan con la IME son mujeres; ellas ocupan una posición central en el sistema de producción de la iniciativa. Si bien su trabajo tiene un impacto económico directo y positivo, existe otra consecuencia importante: las aptitudes que se adquieren trabajando con la IME se comparten con las familias y comunidades locales, extendiendo el impacto de su intervención más allá de los beneficiarios principales del programa.

Pero hay más. En una encuesta de 2014, el 90 % de las mujeres que trabajaban con la IME señaló que pudieron doblar la cantidad de dinero destinada al pago de tasas escolares, el 90 % mejoró su vivienda, y el 86 %, la calidad de sus comidas. Un 88 % indicó que tomar decisiones económicas de manera independiente les cambió la vida y un 92 % pudo ahorrar o hacer inversiones. Todas las participantes en la encuesta señalaron que su autoestima ha aumentado y que los miembros masculinos de sus familias ahora las respetan. Esta consecuencia es al menos tan importante como el aumento de los ingresos.

Desde que comenzó el programa, numerosas evaluaciones han demostrado que la moda puede funcionar como un motor de desarrollo y cambios positivos. Esto también interesa a las empresas de moda: con cada nuevo encargo, los asociados de la IME reciben un informe en el que se evalúa su impacto en la vida de las personas implicadas.

Como ha quedado demostrado en los últimos años, la moda ética no tiene por qué avenirse con estilismos y compras y es compatible con la solidaridad y un desarrollo racional.

Obtenga más información sobre la Iniciativa Moda Ética.