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Aprovechamiento de asociaciones privadas: Pequeños agricultores guatemaltecos explotan nuevos mercados

27 septiembre 2011
ITC Noticias

Antes que el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) llegara a la apartada región montañosa de El Quiché, hace más de 20 años, los caminos eran pocos y estaban alejados uno del otro, apenas se sabía qué eran los sistemas de riego y los centros de elaboración, así como la dieta y la supervivencia de la población, en su mayoría maya, se basaban en maíz y ejotes. Muchos agricultores tenían que sobrevivir, vestir y educar a sus familias con menos de dos dólares al día. Esta región no siempre estuvo tan aislada y durante los 30 años que duró la guerra civil de Guatemala se consideró zona peligrosa. Muchos residentes se vieron obligados a trasladarse lejos de los caminos importantes para evitar ser víctimas del fuego cruzado.

En 1996, cuando acabó la guerra civil que dejó más de 100.000 viudas y 250.000 huérfanos, el FIDA apoyó a organizaciones como el Fondo Nacional para la Paz (FONAPAZ) a fin de reincorporar a víctimas de guerra en la sociedad general. En un intento por proporcionar a los agricultores de la accidentada región guatemalteca de El Quiché las herramientas y la capacitación que necesitan para que sus operaciones pasen a ser actividades comerciales viables, el FIDA respalda proyectos que aprovechan las asociaciones con el sector privado y orientan las cadenas de valor: de la producción a la elaboración, pasando por la comercialización y, por último, el consumo. Gracias a dicho respaldo, los agricultores de la zona pueden acceder a algunos de los mercados más grandes del mundo y sus ingresos aumentaron hasta un 50%.

Asociado del FONAPAZ, en 1998, el FIDA empezó a financiar proyectos de seguridad alimentaria y desarrollo rural mediante el Programa de Desarrollo y Reconstrucción en El Quiché (PRODERQUI). También financió operaciones en la región con el Programa Nacional de Desarrollo Rural – Fase I: La Región Occidental (FIDA Occidente), programa que comenzó en 2006 y se centra en proporcionar a los agricultores locales la capacitación e infraestructura que necesitan para producir mejores productos y colocarlos en el mercado.

Al trabajar con los fondos del FIDA Occidente, los agricultores de la región pudieron establecer asociaciones de productores, contratar técnicos y construir una nueva infraestructura productiva −sistemas de riego, instalaciones de almacenamiento y plantas de embalaje− que les permitieron cultivar productos de mejor calidad como cebollas y ejotes. Pero, ¿de qué sirve un producto de calidad sin mercado? Mediante alianzas con asociados del sector privado como la Asociación Guatemalteca de Exportadores (AGEXPORT) −que presta asistencia en la comercialización, el embalaje y la asignación de marcas a productos regionales− hoy los agricultores de El Quiché venden sus cebollas y ejotes a algunos de los minoristas más grandes del mundo.

Gracias a proyectos de riego y programas de acceso al mercado del PRODERQUI, que ahora empieza a gestionar el FIDA Occidente, las asociaciones de pequeños agricultores de El Quiché obtuvieron alrededor de $EE.UU. 530.000 en ingresos brutos por la producción de ejotes, $EE.UU. 150.000 por la de arvejas chinas, $EE.UU. 72.000 por la de cebollas y $EE.UU. 62.000 por la de radiquio. Asimismo, con los nuevos programas se crearon unos 250 puestos de trabajo en la región. No solo se trabaja en la cosecha, los vecinos también encuentran empleos de conductores de camión en la planta de embalaje de ejotes e incluso de profesores o dependientes.

‘Solíamos plantar maíz, pero ahora plantamos sobre todo cebolla,’ comenta Pedro Tun, Presidente de la Asociación de Desarrollo Integral Ecológica Sacapultecan (ADIES), grupo de productores respaldado por el FIDA que tuvo mucho éxito en el cultivo y la comercialización de cebollas. ‘Con el maíz solo podíamos cosechar una vez al año. Ahora, con las cebollas y nuestro nuevo sistema de riego somos capaces de cosechar tres veces al año.’

La ADIES podía garantizar una sólida oferta del producto inicial trayendo técnicos y nuevas semillas híbridas de cebolla, pero sin una instalación de almacenamiento, se seguían desperdiciando productos. En 2009, la asociación de productores construyó una instalación de secado que les permite secar cebollas en solo dos o tres días, lo que favoreció una mayor calidad del producto en general, facilitando a los productores de la ADIES el acceso a mercados importantes como Walmart. La productividad se triplicó y empieza a generar dividendos; una hectárea de maíz puede aportar unos $EE.UU. 624 al año y una hectárea de cebolla $EE.UU. 1.900. ‘Para un país de ingresos medios como Guatemala, la construcción de cadenas de valor viables –desde el arado de la tierra al refinado, pasando por los mayoristas y el intermediario hasta el mercado, en último lugar– es vital para ayudar a la población rural pobre a abandonar la práctica de la agricultura de subsistencia,’ explica Enrique Murguía, coordinador de operaciones del FIDA en América Central, México y el Caribe.

En general, todo parece marchar bien en los proyectos que respalda el FIDA en Guatemala occidental, pero, ¿son sostenibles? La AGRISEM, asociación de productores, da una noticia alentadora: reprodujeron el modelo mejor cosecha/mejor mercado en cinco comunidades de la región sin contar con apoyo directo del FIDA.

Y al parecer, la inversión a largo plazo en desarrollo rural también funciona para agricultores como Felipe Cotojá. En el año 2000, la financiación del FIDA trajo consigo un nuevo sistema de riego para su explotación. ‘Mis ingresos aumentaron casi un 50% [...] al plantar toda esta variedad de verduras,’ asegura Cotojá, padre de ocho hijos.